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Los clientes de la semana

24 Feb

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Vamos  a por la primera entrada sobre clientes de las dos que voy a hacer este año. Porque siempre acaban siendo dos.

Hoy os traigo un montón de situaciones pero todas cortas, son sketches de los clientes de la semana:

-Soy amigo de Anselma (la jefa) y quiero que me digas cuánto me cuesta este producto con el descuento que ella me va a hacer.


-Me voy a llevar esto para que se lo pruebe mi hija y ahora vengo y te lo pago o te lo devuelvo.

-Si el producto sale de la tienda tiene que estar pagado, no puedo dejarle nada a nadie.

-Pero si soy muy amiga de Anselma (otra vez), le voy a decir que no me lo has dejado.

Y luego resulta que la Anselma no conoce de nada a la señora, o a lo mejor la conoce de vista porque la ha visto en algún sitio o a saber.


-Dame uno de estos.

-Van en paquete de varios.

-Pero yo solo necesito uno. Pues dame uno que tengas que no te sirva.

-No tengo ninguno que no me sirva.

-¿Pero por uno también me lo vas a cobrar?

Pues ves al concesionario y le pides un coche y le preguntas lo mismo.


-A ver si tienes por ahí uno de estos que vayáis a retirar y me lo das.

Desde luego que la gente se piensa que cuando hay cambio de temporada o simplemente se quita una cosa del escaparate, la vamos a tirar a la basura (o a quemar en la incineradora del sótano) y podemos dárselo tan alegremente. Y encima nos hacen un favor.


-¿Y qué se llevó el otro día mi hija?

-No lo sé. Por aquí pasa mucha gente.

-Sí mujer, mi hija vino el otro día y se llevó una cosa, pero no sé el qué. ¿No sabes quién te digo? ¿Que venía con una niña pequeña?– Pues será que no entran niños aquí (y lo destrozan todo) al cabo del día.

Pues se puso como una fiera casi, total porque yo no sabía quien era su hija. Y era la primera vez en la vida que veía a esta señora (seguramente)

-Yo es que no me acuerdo de las caras de las personas, porque ya le digo que atiendo a varias a lo largo del día.

-¿Pero tampoco sabes quien soy yo?

-No, señora.

A lo mejor hasta era famosa “en la contornà” y yo sin saberlo (y ofendiéndola por no saberlo.)

Total, que al final no supe quien era ella, ni su hija, ni su nieta y la señora ya no volvió más. Al menos no me puso una hoja de reclamaciones.


-Nena dame una bolsa.– Ni que decir tiene que no había comprado nada, solo había entrado a la tienda a pedir una bolsa.

-¿Una bolsa?

-Sí, es que me han dado eso – señalando hacia la puerta a algo que yo no veía- y es muy incómodo de llevar, así que a ver si me puedes dar un par de bolsas para meterlo. Claro, he venido aquí a pedirlo porque tengo confianza, porque si no, no hubiera entrado.

Otra que me hace el favor de llevarse un par de bolsas que me sobran. Lo de “tener confianza” es otro tema.

Y no os penséis que es la única:

-Mira es que yo estaba buscando una bolsa transparente para meter una cosa que he hecho y en los chinos no hay.

¿Y qué te hace pensar que aquí sí que hay? ¿Esto es una ONG de bolsas y yo no me he enterado?

-Pero aquí no vendemos bolsas transparentes.

-¿Y no tienes por ahí alguna que vayas a retirar que no te sirva?

Como veía que a esta no me la quitaba de encima para poder atender a otra persona, al final le dí unas bolsas que casualmente tenía bajo del mostrador de una cosa que había estado reponiendo y aún estuvo a punto de sacarle pegas.


-¿Esta es la más barata que tienes?

-Sí, esta vale 2€

-¿Y cuál es el precio?

-2€

(Me ha recordado a la que me preguntaba veinte veces si todo valía lo mismo)


-Hazme precio de clienta, que no quería gastarme dinero.

Pues si no querías gastarte dinero, no haber salido a comprar. Y el precio de clienta es el que pone en la etiqueta ¿no?


Abren una tienda nueva en el local de al lado, pasan unas señoras y dicen:

-Demasiadas cosas han puesto aquí.

Porque a lo mejor prefieren que el centro comercial esté vacío y así ellas pueden pasear con todas las tiendas cerradas.

Y hasta aquí hemos llegado hoy. ¿Cuál ha sido vuestro favorito? A mí los que más me gustan son siempre los que me preguntan algo que acabo de decir.

Los clientes de la semana de Betsy

27 Ago

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Hoy tenemos otro artista invitado que nos envía sus mejores clientes para nuestra satisfacción:

Los clientes de la semana

Trabajo en Atención al Cliente. Me encanta mi trabajo, quizá porque me dedico a registrar datos en el sistema y procesar pedidos y no tengo que atender llamadas de gente que se acuerda de mis muertos a voces. Creo que a todos nos gusta cuando nos registramos en un sitio o hacemos un pedido, o queremos cambiar la información que aparece en la base de datos de nuestra compañía de teléfono y todo va bien. Cuando la persona que te atiende es eficiente y educada y te ayuda, que es precisamente lo que necesitas. Me gusta ayudar a la gente en sus gestiones y me tomo en serio lo que hago. Pero, aunque apenas tengo contacto directo con los clientes de mi empresa (leo emails y formularios que envían, pero yo solo contacto con ellos a través de emails que no redacto de forma personalizada, son solo plantillas –no tengo autorización para hacerlo de otra manera) veo cosas alucinantes de vez en cuando.

Quizá nunca os habíais parado a pensarlo, pero la forma en la que rellenáis un formulario dice mucho de vosotros. Y si no me creéis, comprobadlo por vosotros mismos (las situaciones son reales pero, obviamente, los datos personales y demás detalles son falsos):

El que no sabe cómo se llama:

Hay mucha gente que no lee los formularios y los rellena como cuadra. Aunque el formulario diga “Apellidos, Nombre” la mayoría se lo pasa por el forro. No importa mucho cuando te llamas Antonio López y cualquiera puede distinguir tu nombre de tu apellido, pero si te llamas Lara Bernabé (o Bernabé Lara) me vas a provocar un dolor de cabeza. Menos mal que en muchos casos los formularios vienen acompañados de una copia del DNI. Pero, aun así, hay gente que se inventa los nombres: recuerdo a una que escribió Rubí Pérez a pesar de que, según su DNI, se llamaba Dolores Pérez.

El que no sabe cuándo nació:

Os sorprendería la cantidad de personas que escriben incorrectamente su fecha de nacimiento. Hay gente que se equivoca de día, que se equivoca de mes y gente que se pone o se quita años con total facilidad. Mis favoritos son los que escriben una fecha de nacimiento al azar y pretenden que nos traguemos que un bebé de pocos días quiere ser cliente de nuestra empresa.

El que no sabe dónde vive:

Entiendo que hay personas despistadas, pero  creo que cuando haces un pedido es normal que digas dónde quieres que se entregue. De todas formas, dejar esta información en blanco puede ser un despiste, pero ¿escribirla y hacerlo mal? Hay gente capaz de decirte que vive en Madrid, darte un código postal de Valencia, y quedarse tan ancha.

El que cree que su ciudad es la única del mundo:

Merecen una mención especial esos clientes que escriben el nombre de su calle, el portal, el piso… y no ponen nada más porque yo ya tengo que saber en qué ciudad viven. Todos estos lumbreras son de Madrid o Barcelona. Estas cosas nunca se le ocurren a alguien de Jaén, Gijón o Lugo. Lo peor es que en la mayoría de los casos ni siquiera escriben el código postal. Para matarlos.

El que envía la documentación incompleta varias veces seguidas:

Si para registrarte te hemos dicho que necesitamos una copia del contrato firmado y una copia de tu DNI, es porque lo necesitamos. Aun así, recibimos muchísima documentación incompleta. Cuando esto ocurre enviamos un email que dice algo así como “Estimado cliente: Le informamos de que hemos recibido su email con la documentación incompleta. Por favor, envíe de nuevo toda la documentación necesaria (incluida la que ya ha enviado) en formato xxx, xxx, xxx o xxx a esta dirección de correo electrónico. Los documentos incompletos no serán tenidos en cuenta.” Parece claro, ¿verdad? Pues no debe de serlo porque normalmente envían otro email más con documentación incompleta (si antes habían enviado un contrato, ahora envían solo el DNI, o viceversa) y cuando vuelven a recibir un email avisándoles de que la documentación está incompleta montan en cólera y responden diciendo “¡Ya lo he enviado tres veces y está en el formato que me indican en su email!”.

El que envía la misma documentación hasta cinco veces, por si acaso:

También tenemos el caso contrario: un cliente que envía toda la documentación correctamente, al que procesas su solicitud rápidamente y te sorprendes al ver exactamente la misma documentación media hora más tarde. Y dos horas más tarde. Y cinco horas más tarde. Y al día siguiente. Por si acaso no lo habías visto.

El que se cabrea porque compruebas si la firma es suya:

Yo pensaba que todo el mundo sabía que la firma es una forma de comprobar nuestra identidad. Que cuando firmas los papeles del banco, el DNI, la tarjeta de crédito, etc. deberías siempre firmar igual y no hacer en cada ocasión el garabato que te apetece en ese momento, depende de cómo tire el aire. Normalmente cuando alguien recibe información de que no se ha procesado su solicitud porque no estamos seguros de que la firma sea suya, simplemente se pone en contacto con nosotros para confirmar que efectivamente ha sido él quien ha firmado el documento o vuelve a firmar la documentación asegurándose de que la firma se parece a la de su DNI. Pero claro, eso es lo que hace la gente normal. Siempre puedes encontrarte con un tarado que te escriba un email plagado de insultos, cabreadísimo porque comprobamos su identidad porque ¡todo el mundo sabe que la firma nunca sale igual!

El que no se explica:

A veces recibo emails que por más que los lea son un misterio para mí. A algunas personas les cuesta muchísimo explicarse. Hay varias subcategorías:

–          Barreras lingüísticas: hay personas que no se explican bien simplemente porque son extranjeros y no saben suficiente español para hacerlo. Aunque también hay españoles de pura cepa que no saben comunicarse en su lengua. Muy triste.

–          Los demasiado formales: otras personas creen que para solicitar que cambies la dirección que tienen registrada en el sistema tienen que dirigirse a ti como si fueras un rey de la Edad Media. Ser formal en exceso, utilizar frases muy largas, sintaxis compleja y expresiones que no significan nada pero que hacen bonito no ayuda.

–          Los que adjuntan un documento escrito a mano que no podrías descifrar ni aunque fueras experto en jeroglíficos.

–          Los que se contradicen y escriben cosas como “quiero que cambies mi dirección porque quiero conservar la actual”. ¿Perdona?

El que se explica… demasiado:

Y te cuenta que quiere darse de baja porque lo ha dejado con su novia y ha tenido que mudarse. Y que ella le fue infiel con su mejor amigo, pero que en el fondo es mejor, porque ¿quién querría vivir con alguien a quien no le gustan las aceitunas?

El que te da toda la información, excepto la que necesitas:

Algunos proporcionan una cantidad increíble de información innecesaria y se olvidan justo de la que a ti te hace falta. Pueden dar nombre y apellidos (pero no completos, no vaya a ser que los puedas encontrar en la base de datos), dirección, número de teléfono, número de pasaporte, talla de calzoncillos… pero de su número de cliente ni rastro. Gracias por nada.

El que tiene una cita que da miedo como firma en los emails:

Mucha gente tiene una cita como firma en los emails. Queda bonito (bueno, a veces) y puede parecer inspirador pero la mayoría (al menos las de mis clientes) dan miedo. Sobre todo cuando son citas de la Biblia que hablan de la ira de Dios.

El que tiene una dirección de email poco apropiada:

Me sorprende que, a estas alturas de la película, haya gente con direcciones de email como gatitasexy69@xxx.com,gordocabezon@yyy.es, mimoson@zzz.com, oleesamorena@gazpacho.es o cosas por el estilo. Y todavía pretenden que les tomes en serio.

También están los que te envían documentación en foto directamente desde Whatsapp de forma que recibes emails con asuntos como “Viva el veranoooo xxxxx le ha enviado un archivo” (donde xxxxx son iconos de soles y olas).

El que envía el formulario incorrecto:

Ya estoy acostumbrada a los faxes con formularios tan oscuros que no puedo leer y a los manuscritos incomprensibles pero aún me alucinan los que te envían un formulario de cambio de dirección, por ejemplo, para pedir que añadas un segundo titular a su cuenta. Y se quedan tan panchos.

Oh, una más de clientes: una vez un chico se equivocó al adjuntar los archivos y en lugar de la documentación nos envió fotos suyas en calzoncillos. Y otra vez recibimos fotos de una familia rusa de vacaciones. Y otra fotos de paisajes de Portugal.

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