Archive | clientes de la semana RSS feed for this section

Los clientes de la semana

24 Feb

clientes

Vamos  a por la primera entrada sobre clientes de las dos que voy a hacer este año. Porque siempre acaban siendo dos.

Hoy os traigo un montón de situaciones pero todas cortas, son sketches de los clientes de la semana:

-Soy amigo de Anselma (la jefa) y quiero que me digas cuánto me cuesta este producto con el descuento que ella me va a hacer.


-Me voy a llevar esto para que se lo pruebe mi hija y ahora vengo y te lo pago o te lo devuelvo.

-Si el producto sale de la tienda tiene que estar pagado, no puedo dejarle nada a nadie.

-Pero si soy muy amiga de Anselma (otra vez), le voy a decir que no me lo has dejado.

Y luego resulta que la Anselma no conoce de nada a la señora, o a lo mejor la conoce de vista porque la ha visto en algún sitio o a saber.


-Dame uno de estos.

-Van en paquete de varios.

-Pero yo solo necesito uno. Pues dame uno que tengas que no te sirva.

-No tengo ninguno que no me sirva.

-¿Pero por uno también me lo vas a cobrar?

Pues ves al concesionario y le pides un coche y le preguntas lo mismo.


-A ver si tienes por ahí uno de estos que vayáis a retirar y me lo das.

Desde luego que la gente se piensa que cuando hay cambio de temporada o simplemente se quita una cosa del escaparate, la vamos a tirar a la basura (o a quemar en la incineradora del sótano) y podemos dárselo tan alegremente. Y encima nos hacen un favor.


-¿Y qué se llevó el otro día mi hija?

-No lo sé. Por aquí pasa mucha gente.

-Sí mujer, mi hija vino el otro día y se llevó una cosa, pero no sé el qué. ¿No sabes quién te digo? ¿Que venía con una niña pequeña?– Pues será que no entran niños aquí (y lo destrozan todo) al cabo del día.

Pues se puso como una fiera casi, total porque yo no sabía quien era su hija. Y era la primera vez en la vida que veía a esta señora (seguramente)

-Yo es que no me acuerdo de las caras de las personas, porque ya le digo que atiendo a varias a lo largo del día.

-¿Pero tampoco sabes quien soy yo?

-No, señora.

A lo mejor hasta era famosa “en la contornà” y yo sin saberlo (y ofendiéndola por no saberlo.)

Total, que al final no supe quien era ella, ni su hija, ni su nieta y la señora ya no volvió más. Al menos no me puso una hoja de reclamaciones.


-Nena dame una bolsa.– Ni que decir tiene que no había comprado nada, solo había entrado a la tienda a pedir una bolsa.

-¿Una bolsa?

-Sí, es que me han dado eso – señalando hacia la puerta a algo que yo no veía- y es muy incómodo de llevar, así que a ver si me puedes dar un par de bolsas para meterlo. Claro, he venido aquí a pedirlo porque tengo confianza, porque si no, no hubiera entrado.

Otra que me hace el favor de llevarse un par de bolsas que me sobran. Lo de “tener confianza” es otro tema.

Y no os penséis que es la única:

-Mira es que yo estaba buscando una bolsa transparente para meter una cosa que he hecho y en los chinos no hay.

¿Y qué te hace pensar que aquí sí que hay? ¿Esto es una ONG de bolsas y yo no me he enterado?

-Pero aquí no vendemos bolsas transparentes.

-¿Y no tienes por ahí alguna que vayas a retirar que no te sirva?

Como veía que a esta no me la quitaba de encima para poder atender a otra persona, al final le dí unas bolsas que casualmente tenía bajo del mostrador de una cosa que había estado reponiendo y aún estuvo a punto de sacarle pegas.


-¿Esta es la más barata que tienes?

-Sí, esta vale 2€

-¿Y cuál es el precio?

-2€

(Me ha recordado a la que me preguntaba veinte veces si todo valía lo mismo)


-Hazme precio de clienta, que no quería gastarme dinero.

Pues si no querías gastarte dinero, no haber salido a comprar. Y el precio de clienta es el que pone en la etiqueta ¿no?


Abren una tienda nueva en el local de al lado, pasan unas señoras y dicen:

-Demasiadas cosas han puesto aquí.

Porque a lo mejor prefieren que el centro comercial esté vacío y así ellas pueden pasear con todas las tiendas cerradas.

Y hasta aquí hemos llegado hoy. ¿Cuál ha sido vuestro favorito? A mí los que más me gustan son siempre los que me preguntan algo que acabo de decir.

Los clientes de la semana (en verano)

19 Ago

clientes

Aquí vamos otra vez con esos clientes que dan por saco pero en el fondo nos encantan porque sirven para desahogarse en el blog:

– La mujer que entra en la tienda a preguntar si tenemos una caja de metro y medio “de las cosas que os envían”.

De esta me he acordado porque el otro día estaba en una heladería y entra una señora de esas que están acostumbradas a mandar y que el cliente siempre tiene la razón. Compra varias cosas y claro, quiere una caja para llevárselo todo el coche: “Ves, un cartonaje como esos de ahí para que ponga las cosas y llevarlas en el coche”, y estaba señalando una caja donde vienen los paquetes de rosquilletas o algo así, y las chicas tenían que sacar todos los paquetes que había dentro para dárselo a la señora. Porque a las señoras solo les importa lo que ellas necesitan, no lo que se puede o no se puede hacer.

Al final le sacaron una caja del almacén y cuando sale por la puerta casi la cierra encima del marido que llevaba la caja en las manos.

La que quería comprarse una chaqueta por internet pero estaba en medidas inglesas y quería que yo le aconsejara.

“¿Tú me podrías ayudar? Porque quiero comprar una chaqueta que he visto en internet, pero la página es inglesa y las medidas vienen en inglés y no sé qué talla tengo que comprarme.”

Pues le preguntas a su servicio al cliente, que yo no tengo nada que ver con esa página de internet.

A ver si va a resultar que soy el servicio al cliente mundial, de todas las cosas y empresas que existen en el universo.

– “¿Y dónde puedo encontrar yo eso?”

Cuando los clientes quieren que les digas donde están todas las tiendas de la competencia para que puedan ir a comprar lo que no han encontrado o está temporalmente agotado aquí.

Una vez una mujer me dijo que fuera yo a otra tienda a comprarle eso que ella quería, porque no podía ella ir, tenía que ir yo y luego revendérselo. Y me lo decía en serio.

 – Las que preguntan cosas para “su vecina” pero luego queda claro que es para ellas.

“Mi vecina me ha dicho que pregunte cuanto vale esto” Estoy un rato atendiendo y de repente: “Es que claro, el que yo tengo ya no me funciona bien y a ver si me compro uno nuevo”. Qué casualidad, ni a ella ni a su vecina, por lo visto.

– Cuando les dio por poner incienso en la tienda y la gente que entraba estaba siempre avisando de que olía a quemado.

– Y en estas puedo añadir cuando les dio por poner música clásica en el hilo musical y los clientes estaban siempre preguntando si me estaba sonando el móvil.

No hombre, no, que vosotros estéis obsesionados con el movil y dejéis de escucharme cuando os suena para mirarlo, no quiere decir que yo vaya a coger el teléfono y dejar de atenderos. Y además, es el hilo musical.

– “Quiero que me traigas del almacén una cosa que necesito, pero si la encuentro en otro sitio no me la voy a llevar.” Pues OK.

Al menos vino con la verdad por delante, porque total eso lo hace todo el mundo pero no me lo dice a la cara. Así está la tienda llena de cosas que pide la gente y que no se pueden vender porque son encargos.

– Es que la última vez que vine (hace un año) teníais aquí una cesta con unas cosas en liquidación y ahora he decidido que quiero comprar una. 

– Pues es que eso se acabó hace tiempo y  ya no tenemos las mismas.

– ¿Y no me puedes traer más?

– No, estaba en liquidación. (Eso significa que cuando se acaba se ha acabado, no te esperes un año a venir a comprarlo, joder.)

Lo peor es que se cabrean una barbaridad cuando pasa eso (y pasa más a menudo de lo que pensáis), a veces incluso lo vuelven a preguntar a otro dependiente, no sea que yo les esté engañando.

Y hasta aquí los clientes del verano más que de la semana. Los siguientes serán los de Navidad, seguro.

Los clientes de la semana, por Fantasy_RAM

19 May

clientes

¡Hola calcetinitos y calcetinitas! Soy Raquel (o Fantasy) vuelvo por aquí porque me encanta el blog de Therwis (ya lo sabéis) en especial esta sección (que lo sabéis también) y me apetece contaros más anécdotas. Hoy toca un especial sobre devoluciones.

Acaba de ser el Día de la Madre y hemos arrasado en ventas los días previos a la gran fecha. Pero… ¿qué ocurre ahora? Que nos están viniendo todas las mamás a cambiar los regalos que sus hijos o  maridos les han hecho. No paramos de hacer devoluciones, y si a veces los clientes son un poco pesaditos, un cliente que viene a hacer un cambio es ya el colmo de la pesadez. Os cuento algunos cambios que hemos hecho esta semana:

Viene una mujer con un bolso de mimbre para la playa que le había regalado su marido.

-Mira vengo a cambiar este bolso por aquel otro (también de mimbre) porque le dije a mi marido que me gustaba aquel y se ha confundido y me ha comprado este.

-¡Vaya! Es que son muy similares, yo le hago el cambio no se preocupe.

Hacemos el cambio, se va la mujer con su bolso de mimbre tan contenta, y aparece a la media hora otra vez…

-Oye, que lo he pensado mejor y casi prefiero que me hagas un vale y ya vengo otro día más tranquilamente a por otro bolso porque este de mimbre me encanta, es precioso, pero sé yo que lo voy a usar más bien poco…

¡Vamos a ver! Y para que le mandas indirectas a tu marido “¡Ay cari, mira que bolso tan bonito, me encanta!” para que venga el hombre a comprártelo con toda su ilusión porque te encantaba y ahora decides que mejor te llevas un vale… Pobres maridos que son atentos con sus mujeres, las escuchan para tener un detalle y luego la mujer cambia su regalo por un vale…

Están también las clientas que quieren que les devuelvas el dinero a pesar de que en el ticket pone bien claro que no se devuelve:

– Mire, el dinero no se lo puedo devolver, le puedo hacer un vale que no caduca y puede usarlo en cualquier tienda de nuestra cadena cuando usted quiera.

– ¿Pero por qué no me devuelves el dinero?

– Es política de empresa, yo no puedo hacer nada, si por mi fuera se lo devolvía pero no deja hacer la máquina devoluciones de dinero, no da esa opción. Sólo nos deja cambiar el artículo por otro o emitir un vale.

– Ya pero es que yo los vales los pierdo.

– Pues mirese otra cosita, que tenemos muchas cosas, seguro que algo le gusta.

Y al final se acaba llevando el vale, pero enfadadísima y diciendo que no vuelve a venir a comprar más. Que no es cierto, porque a los pocos días acaban apareciendo a comprar cualquier cosa por miedo a perder el vale.

También están las que se quejan del vale:

– ¡Ahhh pero es que eso no es un vale, es un ticket de papel y eso se me va a romper! ¿No me lo puedes meter en una tarjeta regalo o algo así?

– Pues mire lo siento pero no puedo, los vales los imprime la máquina en papel.

Hay clientas que acaban con tu paciencia… Viene el otro día una señora con un bolso color coral (rosa) para cambiarlo. Me cuenta que su hijo le había regalado uno marrón pero que tiene ya muchos en ese color y que ayer vino a cambiarlo por el coral, que la atendió mi compañera. Pero que llegó a su casa y pensó que ese color es muy difícil de combinar. Se tira más de media hora en la tienda, mira, abre y prueba prácticamente todos los bolsos, y decide que se va a llevar, de nuevo, el bolso que le había regalado su hijo en color marrón. Le hago el cambio en el ordenador y cuando  ya salía por la puerta ve un bolso, quizás el único que se había dejado sin probar antes y me dice que ese le gusta mucho más. Yo, intentando evitar un nuevo cambio (para los que tenéis la suerte de NO trabajar en comercio, en casi todas las tiendas te piden un índice de ventas por clientes, por ejemplo, una media de dos artículos por cliente. Entonces si te viene un cliente que se lleva cuatro cosas, genial, te sube un montón le media, pero cada vez que hacemos una devolución o cambio se nos resta un artículo vendido), le digo a la señora:

– Uffff pero fíjese que este bolso es más pequeño que el que le regaló su hijo, en ese no le va a entrar casi nada, en cuanto meta el monedero, el móvil y las gafas de sol ya está lleno.

Pero la señora convencida, que ese le gustaba mucho más. Otra vez le hago el cambio y no hago más que metérselo en la bolsa y darle el nuevo ticket cuando me suelta:

– Estoy pensando que casi mejor me voy a quedar con el otro, porque es un regalo de mi hijo y a lo mejor le sienta mal que lo cambie por otro.

Y yo ya desesperada… – ¿Pero no me acaba de decir que este otro le gusta mucho más? Pues llevese uno que le guste a usted que es quien lo va a usar, que a su hijo no creo que le importe que lo haya cambiado.

-Ya pero es que el bolso que me he regalado mi hijo también me gusta, y además, tenías tú razón, este es muy pequeño y no me va a entrar casi nada…

Yo ya pues quería matar a la señora… después de cambiarlo cuatro veces (tres a mí y una a mi compañera el día anterior) al final se fue con el bolso que le habían regalado y a mí me dejó en índice de ventas de aquella tarde por los suelos… ¿no es maravilloso trabajar cara el público?

Hola, soy Therwis y vengo a decir que sí, que las devoluciones son lo peor. Cuando trabajas en una tienda grande con una sección aposta para esto, los envías allí y te olvidas de discutir con los clientes, pero cuando los tienes que atender…

Pero los que más me gustan son los que van con ganas de gresca y a la que ven que no les ponen ningún problema para devolver/cambiar siguen discutiendo como si les estuvieran diciendo que no, que es imposible.

Los clientes de la semana por Fantasy_ram

21 Abr

¡Hola calcetinitos y calcetinitas! Soy Raquel (o Fantasy) y aquí estoy otra vez para participar de nuevo en el blog de Therwis que ya sabéis que me encanta. Y como no podía ser de otra manera, vuelvo con más “Clientes de la semana”.

Los que trabajáis en comercio ya sabéis como son estas cosas, lo normal es que vayas pasando de una tienda a otra sin quedarte demasiado tiempo, y más ahora que el mercado laboral está tan incierto: te contratan para 3 meses en una sitio, 6 en otro para cubrir una baja o puede que solo te hagan un contrato de 2 meses para la campaña de navidad o rebajas.

En Navidad comencé a trabajar en una famoso cadena de bolsos y maletas (no diré el nombre porque no me pagan por hacer publicidad) y he tenido ya la suerte de encontrarme con clientes de todo tipo. Sobre todo si buscan maletas, es muy divertido y a veces exasperante. Os cuento algunos de mis clientes de las últimas semanas.

Entra una señora a la tienda y me pregunta:

– ¿Tenéis maletas medianas baratas? 

Y yo le contesto: – Pues mire esta estampada se queda a 35’99€ nada más.

– ¿Y más económicas?

– Tenemos esta roja que está a 30€ y además es de 4 ruedas que suelen ser más caras.

– Ufff pero es q las ruedas son de plástico, yo las quiero mejores, de aluminio o algún material así mejor.

– Pues no señora, ‘chocolomo’ no vendemos aquí en esta tienda…. O tiene choco o tiene lomo las dos cosas imposible – Eso no se lo contesté pero la miré con cara de odio infinito y ya pasé de ella. La gente lo de ‘bueno, bonito y barato’ se lo toma a rajatabla.

Otra señora muy amable y muy educada ella (ironía) entra en la tienda, coge una maleta y se pone a sacar el tirador, lo sacaba y lo volvía a meter así muchas veces y cada vez más rápido. Yo pensando que al final se lo iba a cargar, ya me acerco a ella y me dice:

– Ufff es que esto mira que débil es, esto no aguanta nada, en cuanto metas un poco de peso te quedas con el tirador en la mano… a ver hazme la cuenta que quiero saber por cuanto me sale el juego de las tres maletas entero.

Y yo pensando… pero si te parece muy malas las maletas, no te lo vas a comprar… pero como no se le puede decir eso a un cliente voy a por la calculadora y le sumo los precios de las tres maletas. Le digo el precio del juego y la señora sigue hablando:

– Yo es que tengo una sansonite y son mucho mejores que estas que tenéis aquí… ¿me la abres para que la vea por dentro?

Y se la tuve que abrir, claro. Que obviamente no se llevó ninguna maleta lo que pasa es que la buena señora se aburría en su casa y fue a dar la murga al centro comercial.

Están también las clientas que lo saben todo sobre las maletas y aun así te preguntan:

– Perdona, ¿esta maleta sirve para cabina de avión?

– Si, esa le vale como equipaje de mano para no facturar.

– No, no puede ser es muy pequeña. Pueden ser más grandes para cabina.

– A ver… cada compañía tiene sus medidas, hay compañías que dejan meter maletas un poco más grandes, pero la medida estándar es esa.

– No, no, no, porque yo fui a Paris con mi marido hace poco y llevamos una que nos prestaron y era casi el doble de esa.

Si lo sabes ya todo, ¿por qué me preguntas? No lo entiendo…

También están las señoras que se creen que están en el rastro:

-Me quiero llevar esta maleta, ¿me la sacas del almacén?

-Pues mire señora, le tengo que dar esta porque sólo tenemos una por modelo.

– Pero es que tiene una mancha aquí (una mancha que solo ve ella…), ¿me puedes hacer un descuento?

– Lo siento pero yo no estoy autorizada a hacer eso.

– Pues si no me rebajas algo no me la llevo.

-Le acabo de decir que no puedo.

Y se va súper indignada porque no le ha salido el regateo bien y no he querido dejarle la maleta más barata.

Hay otras clientas que vienen y te dicen:

-Hace 3 semanas teníais un bolso allí (y te señalan una esquina de la tienda) que me gustó mucho, me lo quería llevar.

-¿Y me puede decir cómo era el bolso?

-No me acuerdo, sé que lo teníais allí (y vuelve a señalar al mismo sitio)

-¿No se acuerda de cómo era? ¿El color, el tamaño… algo? Es que sabe que pasa, cambiamos la colocación de la tienda dos veces a la semana y hace tres pues no me acuerdo qué bolso teníamos en esa esquina.

-Pues no me acuerdo, solo sé que me gustó mucho.

Y tú haces memoria, le enseñas todos los bolsos que te suena que estaban allí colocados antes pero claro ninguno es…. más que nada porque la señora no se acuerda ni de cómo era el bolso. Y al final no se lleva ninguno.

Hay otra modalidad de clienta similar, es la que te dice es que hay visto un bolso en la web de la tienda que le ha gustado y tú tienes que ser adivina y saber cuál era porque no se acuerda de mucho más, con suerte se acuerda de que era marrón, y resulta que el 90% de los bolsos que vendemos vienen en color marrón.

Y sin duda alguna, los hombres, que ya sabéis que son mis clientes favoritos. Llegan, te dicen “Busco un bolso para mi mujer” y se llevan el primero que les enseñas, como mucho el segundo. Y te dicen: “Pues este mismo, si no le gusta que venga ella a cambiarlo”. Te lo pagan y punto. No te marean, no te abren y cierran los 50 modelos distintos de bolsos que hay en la tienda, y no se quejan del precio, siempre les parecen baratísimos los bolsos.

Y hasta aquí mis clientes. Me divierte mucho contaros mis anécdotas del trabajo. Espero que vosotros también hayáis pasado un rato divertido leyendo. ¡Hasta la próxima!

Ahora soy Therwis y después de leer los clientes de la semana de Fantasy vengo a decir que es curioso como todos los clientes vayan a comprar lo que vayan a comprar se comporten igual, porque absolutamente toooooooooooodos los casos de hoy me han pasado ¡¡¡todos!!!

Mis favoritas son las mujeres que estiran todos los productos para mirarlos hasta que los tengo que vender dados de sí. O cuando vienen y te dicen “quiero una cosa que vi en el escaparate hace dos años” y yo tengo que saber qué era. Y si no lo tengo porque eso ya no lo fabrican pues se lo tengo que conseguir.

Los clientes de la semana

17 Mar

clientes

Hoy quiero hablaros de lo curiosa que es la mente humana y es que esto que os voy a comentar ya me ha pasado varias veces:

Señora con la que estoy al menos media hora para que elija una cosa para su hija. Lo primero que le enseño es una de color azul marino y negro pero esa no le gusta porque es demasiado oscura, ella quiere colores alegres. Al final no sé de qué color decidió llevársela, pero resulta que antes de pagar, ve que un hombre se lleva lo que ella no quería, eso azul marino y negro que ni de coña quería para su hija porque era oscuro y ella quería colores alegres y me dice:

¡Nena! ¿Y esa qué? – Por supuesto cogiendo el producto que se llevaba el señor, porque a la gente le encanta tocarlo todo, pero de eso ya os hablaré en otra ocasión. Por supuesto el señor mirándola a ella y a mí sin entender nada.

-Si esa es la que te he enseñado primero y no querías porque era oscura.

Os prometo que me hizo cambiar la que había elegido para llevarse la misma que el señor.

Esta clienta también me gusta mucho:

Señora que viene a comprar una cosa para sus nietos y forma cola porque no es capaz de decidirse por  nada y hay que explicárselo todo, pero ese es otro tema.

Al final se decide por unas cositas y se lleva todas las que quedan. La señora de detrás que venía a saber a por qué cosa que no tenía nada que ver, decide que necesita urgentemente eso que se va a llevar la de delante, y se cuela solo para preguntarme si de verdad no quedan más. Y como no quedan más, que a ver si vamos a recibir pronto.

Hace un momento seguro que ha entrado a preguntarme cualquier tontería, pero ahora tiene que comprar lo mismo que la otra. Y por supuesto era culpa mía que yo no lo hubiera previsto y hubiera escondido algunas para que ella pudiera llevárselas.

Y otra más, parecida a la primera:

-Necesito esto pero en granate.

-Granate tienes este modelo.

-Ah no, ese no me gusta, es muy grande.

-Pues entonces estos otros.

-Bueno, ya me lo pienso.- Pues ok.

A la semana siguiente (más o menos), vuelve pero a por otra cosa, no me dice nada sobre el granate que quería, pero resulta que ve a otra persona cogiendo eso granate que le comentaba el otro día y pam, lo necesita sin demora, y tiene que ser ese, da igual si es muy grande o no, se lo lleva ya. (Y si no llegan a quedar más, seguro que se pelea con la otra por conseguirlo) Y también hubiera sido culpa mía.

A veces no sé si es que las otras personas crean necesidades en nosotros, si nos sentimos inferiores porque pensamos que elegimos mal y necesitamos seguir a la mayoría (que no se equivoca nunca), o a saber qué se nos pasa por la cabeza al pensar que somos los únicos que hacemos (o compramos) una cosa.

Al final vamos a tener que crear un puesto de trabajo que se base en que alguien esté en una tienda comprando cosas que no se venden para que otras personas lo vean y se las quieran llevar. Ahí lo dejo. Seguro que quien lo haga triunfa.

 

Los clientes de Navidad

7 Ene

clientes

Por fin se ha acabado oficialmente la Navidad y, como regalo de Reyes atrasado, aquí os traigo unos clientes. Especialmente para todos los que habéis votado por ellos en la encuesta.

LOS VICS*

*very important cliente

Los VICS se diferencian del resto porque se creen que solo ellos tienen derecho a ser atendidos. Entran en la tienda como si fuera suya. Pisando fuerte, con la cabeza bien alta, decididos. Como si hubieran entrado ya miles de veces y todo el mundo les conociera y les estuviera esperando. Por eso todos los trabajadores deberían dejar lo que están haciendo para besarles los pies.

Aquí puede entrar toda esa gente a la que la Navidad saca lo mejor de sí misma: la mala educación y la impaciencia.

Estoy atendiendo a un señor que en realidad ya se iba pero me había preguntado una última cosa, entra una mujer VIC, como si la tienda fuera su casa, directa hacia mí:

¿Tienes tal?

Como sé que no se puede ignorar a un VIC, le contesto que sí, sin dejar de mirar y hablar con el señor.

¿Pero de qué color?

¿Pero todavía no te has dado cuenta de que no voy a dejar de atender solo para ir al pasillo donde está eso y enseñártelo? Porque eso es lo que quiere, que deje al cliente tirado a mitad y que la atienda a ella.

Blanco y negro. – Y sigo con el señor, al que a estas alturas ya estoy atendiendo fatal porque solo oigo a la mujer refunfuñar a mi lado que esos colores no, que ella quiere marrón, que tal y que cual. A lo que el señor decide irse sin nada y antes de que haya dado dos pasos ya está la VIC atosigándome.

¡¡Pero es que  yo lo quiero marrón!! ¿¿Marrón no tienes??

No hay marrón, solo hay blanco y  negro, como ya he dicho anteriormente.

Total, para ir a enseñárselo y que se vaya corriendo de la tienda (igual que ha entrado) porque lo quiere marrón.

Y esto me recuerda a aquella vez que otra VIC empieza a pegarme gritos 5 metros más allá sobre el precio de esto y aquello, mientras yo cobraba a una clienta con la que ya había acabado casi, y le decía ala VIC que estaba todo marcado.

¡¡Que no lo veo!!
Espera un segundo, que ya estamos acabando aquí y te atiendo.

¡¡Pero esto cuanto vale!! ¡¡Dime cuanto vale esto!!

Está marcado, yo desde aquí no lo veo y tampoco me sé todos los precios de memoria.

Espérate un momento mujer, si yo ya me voy. – Le dijo la otra clienta. Pero no se esperó la VIC, se fue corriendo por la puerta porque eso de esperar un segundo a que dé el cambio es demasiado para ella.

Y atiendelos rapidito, que si  tardas más de dos segundos en encontrar lo que quieren, en embolsar lo que se llevan o en darles el cambio dicen “mira, déjalo” y se van sin decir ni adiós. Sí, me ha pasado varias veces.

Luego están los VICs que son tan VICs que quieren privilegios que no existen para nadie más, porque ya me diréis quien va a una tienda a pedir que les dejen productos para llevárselos a casa y ya si eso vendrán a pagarlo o devolverlo. Pues sí, los VICs.

Mi ejemplo favorito es el que quería llevarse un rollo de una cosa que cortamos a medida y vendemos por metros, para medirlo en su casa y ya traerlo con lo que sea. Claaaaaaaaaaaaaaaro, te llevas todo el rollo, en la tienda ya no vendemos más a quien quiera, tú en casa te lo mides, cortas lo que te parezca y ya si eso me lo traes y me dices que en realidad no te sirve.

Una cosa que también es muy VIC es juzgar con la mirada. Todo lo juzgan, sobre todo las mujeres. Juzgan que cuando han entrado en la tienda, tú estabas en el suelo recogiendo una cosa que se había caído (porque ellas tienen servicio para que les recoja las cosas, será), juzgan que en vez de atenderlas nada más entran, estabas ordenando una estantería, juzgan que te pongas a limpiar el polvo, juzgan que estés aquí en vez de donde ellas querían que estuvieras (a su lado cogiéndole el abrigo o algo así), juzgan que en vez de devolverles un billete de veinte les devuelvas dos de diez y así infinitamente.

Y con eso del abrigo me acabo de acordar de como dejan sus cosas por la tienda. Ay que me molestan las mil bolsas que llevo, pues las dejo dentro de esta cesta llena de productos de la tienda. Ay, que me molesta el abrigo, pues lo cuelgo aquí de esta percha de productos de la tienda, etc, etc. Alguna vez he tenido que atender a personas enseñándoles cosas encima de  bolsos abandonados en cestas o en mostradores. Luego es ay, ay, ay, que me roban el móvil.

LOS MÓVILES

Y hablando de móviles, les estoy cogiendo una manía que no os imagináis. Voy a proponer que todo el cliente que quiera entrar deje el dichoso aparato en una cesta en la entrada, para que no molesten.

Es que yo creo que si estás esperando una llamada importante lo mejor que puedes hacer es venir a que te atienda. No falla, al 80% de los clientes que atiendo a lo largo del día, les suena el teléfono en cuanto me preguntan algo. Que eso no es culpa suya, pero es que me pasa continuamente. ¿Y qué tengo que hacer yo? ¿Me espero a que acaben ahí de pie sin hacer nada? (Porque siempre contestan) ¿Me voy y atiendo a otras personas? ¿Sigo haciendo lo que estaba haciendo antes de que me preguntaran? ¿Saco mi móvil y llamo a alguien?

Y también les ha dado por enseñarlo todo en el móvil. De todo tienen una foto.

Mira quiero esto. – Y si trabajas en un supermercado, te estará enseñando una foto de un huevo, por ejemplo.

– ¿Qué talla necesitas?

Mira es para ella.- Y te enseñan una foto de la cara de una niña. Sin ninguna referencia de tamaño.

Ah, y que no se me olvide aquella vez en que una clienta sacó el móvil para enseñarme cualquier cosa y resulta que no iba bien y empezó a preocuparse por si le había entrado un virus y suelta “¿Y ahora que hago yo sin móvil? ¡Si es lo que me da la vida!” Y ya no compró nada porque estaba demasiado preocupada por el móvil.

O cuando se ponen a buscar el monedero en el bolso y casualmente encuentran el móvil antes y claro, tienen que desbloquearlo y mirar los mensajes que han llegado. Y contestarlos. Y comentarme que les ha llamado no sé quien. Y seguir buscando en el bolso y sacar mil tiquets que hay que mirar a ver de qué son. Pues de antes cuando has ido al súper ¿de qué van a ser? ¿Vas a pagarme ya?

Y si son adolescente no van a apartar la mirada de la pantalla ni cuando les enseñes lo que han pedido. Jamás.

Incluso una vez atendí a una mujer ya entrada en años mientras ella jugaba al Candy Crush sin parar. Si ellas no paran, yo tampoco.

Así que haced el favor de comportaros cuando vais a una tienda, hombre ya. Y que me acabo de dar cuenta de que yo tengo que estar siempre sonriendo a todos los clientes, pero que muy pocas veces un cliente se acerca a mí sonriendo (prefieren la cara de juzgar).

Los comerciales de la semana

10 Sep

Hay algo peor que trabajar cara al público: ser comercial a puerta fría. Pero es que hay algo peor que ser comercial, toparte con un comercial que te quiere vender algo: Una pesadilla.

Últimamente me he topado con un montón, será que los astros se me han alineado así, y voy a contaros algunas historias:

Una chica que quería que me cambiara de compañía telefónica (de estos tengo tres o cuatro al mes, muy pesados) y le digo que no, que de esa compañía no tengo cobertura en casa. ¿Qué me contesta? Pues que eso de no tener cobertura es lo de menos.

Claro que sí. Que ella ya se había acostumbrado a no tener cobertura, a pegarse a la única pared de su casa que donde tiene algo para hablar por el móvil.

Y yo pensando que precisamente ese era el servicio por el que tenía que pagar a la compañía. Se ve que no. A lo mejor me regalan la cuerda para colgar el móvil en la única pared donde hay cobertura.

Hablando de esto, cada dos por tres me llaman de otra compañía de teléfono con la que me pasa lo mismo y antes de que se me pongan pesados les digo que no hace falta que me cuenten nada que no tengo cobertura. Pues cada vez que me llaman (una vez a la semana por lo menos) me comprueban el tema. Sigo sin tener cobertura, claro.

Luego están las promotoras de belleza o consejeras o  como se quieran llamar ahora, que te abordan y te dicen que tu cara es una mierda y que a ver si haces una reunión en tu casa con todas tus amigas y te explican como tener una cara maravillosa.

Pues hombre, si empezamos así, la verdad es que me quitas las ganas.

– Veo que tienes la cara fatal, y CASUALMENTE soy consejera de *** y me dedico a hacer reuniones ¿no te interesa hacer una en tu casa con tus amigas, tu familia, tus vecinas, etc? Así podría darte consejos para que tengas una piel maravillosa.

–  En realidad estoy usando una crema de la farmacia que me va muy bien.

– Qué va mujer, si esto es lo mejor del universo y además seguro que todas tus amigas tienen la cara fatal como tú y les interesa.

 Pero lo mejor que me pasó con una de estas consejeras es cuando una clienta viene a la tienda, no me acuerdo qué me estaba diciendo pero el tema llevó a que se pusiera enseñarme una foto de su hija (odio cuando se ponen a buscar fotos en el móvil para enseñármelas) y de repente me dice:

– Pues esta es mi hija, que es una niña modelo y le gusta vestir así como muy moderna y tal. ¡Ay! Esta foto no la he subido a facebook, espera un segundo. 

¡Y la tía se pone a subir la foto de la hija! Y acto seguido me dice que como ella es consejera y como yo tengo la cara fatal, pues a ver si hago una reunión. Si ahí mismo en la tienda la podemos hacer. Claro que sí. Total, que al final no compró nada, venía solo a enseñarme fotos de la hija-niña modelo y a decirme lo de la reunión. Porque no hay que perder ni una oportunidad.

Aquella vez que un chico me quería vender la maqueta de su disco. Pero hombre, si no tengo lector de cd en el ordenador.

Esta en realidad no era una comercial a puerta fría pero os quiero hablar de la mujer que quería que le comprara un calendario o no sé qué para colaborar con cualquier cosa, y le digo que no puedo y me dice:

– ¡A ver! ¡Que esto es un taller, que lo hacemos todos los años!

Y yo que no podía darle nada y se gira toda enfadada pero sin dejar de comerse la rosquilleta que se estaba comiendo. Lo gracioso es que se ve que unos meses después me volvió a pillar y se acordaba de mí. Así que cuando le dije que no se puso a discutir conmigo que “¡siempre dices lo mismo! ¡No sé para qué lo dices!”  Y yo que me pregunto si ella ya sabe que no le voy a dar nada ¿para qué me vuelve a preguntar? ¿Para poder desahogarse conmigo después de veinte negativas? ¿Y con esa actitud alguien le da algo? 

 Bueno, para acabar, os prometo que no tengo la piel tan mal, es solo una forma de “vender más”.

Los compañeros de la semana de Betsy

4 Sep

clientes

Por si no hubiera tenido suficiente con los clientes, Betsy también nos escribe sobre sus compañeros, porque una vez que te pones, pues te pones bien:

Los compañeros de la semana:

En mi departamento no recibimos ni hacemos llamadas a los clientes. Hay otro departamento que se encarga de eso y es con esos compañeros con quienes sí tenemos contacto (virtual) día a día. En general la colaboración es buena y tratamos de poner de nuestra parte para entendernos pero… hay de todo.

El que no se entera:

Si algo no está claro, tengo que contactar con mis compañeros, que hablarán con el cliente y me explicarán lo que hay que hacer. Al principio, estos compañeros llevaban allí mucho tiempo y lo sabían todo, todo y todo. Ahora el departamento ha cambiado muchísimo, hay gente nueva cada dos por tres y muchas veces pregunto algo y acabo teniendo que explicarle yo a esa persona cómo funcionan las cosas, lo que está permitido y lo que no. Que lo hago encantada, porque me gusta ayudar, pero mi función no es formar a esa persona, deberían haberse encargado de que sepa de qué habla antes de decirle que conteste a mis preguntas. ¿Y si fuera nueva yo también, qué?

El que no es capaz de aceptar el orden establecido:

A algunas personas les cuesta una barbaridad aceptar las normas y el orden establecido. O el simple hecho de que haya normas y orden. Si su supervisor habla contigo, te pide que hagas una serie de cambios y tú los haces, luego llega este individuo a decirte que hagas exactamente lo contrario. Te pide que ignores todo lo que has acordado con su supervisor, que es el único que puede aprobar esa clase de cosas, y además se enfada cuando le dices que lo aclare con su supervisor y que, si este lo aprueba, estarás encantada de hacer todos esos cambios.

El que siempre le busca tres pies al gato:

Hay gente con un don especial para ver complicaciones donde no las hay y que confunde dar un buen servicio a los clientes con hacer más difícil la vida de toda la oficina. “¿Cómo vamos a decirles que envíen documentación completa? Tienen todo el derecho del mundo a enviar solo un DNI, ¡si necesitamos 3 horas para encontrar el contrato que enviaron la semana anterior, no pasa nada!” Vete a freír porras, anda.

El que se contradice:

Pues igual que los clientes. Quiero que cambies completamente el procedimiento pero que todo siga como hasta ahora.

El que no quiere que le enseñes cómo funcionan las aplicaciones pero siempre las usa al revés:

“No, gracias, no necesito que me expliques cómo funciona, ya lo controlo perfectamente.” Pues menos mal que controlas, porque adjuntas archivos en formatos que no se pueden leer en el lugar menos apropiado y no eres capaz de encontrar nada en la base de datos.

El que cree que trabaja con niños de cinco años:

Hay quien cree que sus compañeros son niños pequeños con problemas de comprensión lectora y que no se les puede enviar más de un email al día, no vaya a ser que se saturen. Un día tuve una movida con una compañera (que no lee los emails a tiempo nunca, por cierto) porque mientras ella estaba desayunando reenvié un email a todo el departamento donde nos explicaban desde España qué código de descuento que teníamos que utilizar para una promoción. Y todo porque ella estaba escribiendo uno con otra información sobre la promoción y, claro, si nuestros compañeros reciben dos emails puede que les explote el cerebro.

El que nunca recuerda lo que le explicas:

“A mí nunca me habías dicho que necesitamos una copia del DNI”. “Si quiere pagar con domiciliación bancaria tengo que registrar la cuenta antes, ¿verdad?” Y así.

El que te pide que te saltes las normas y se extraña cuando te niegas:

-¿Por qué no has procesado esto? ¡El universo tal como lo conocemos se va a acabar si no lo haces en los próximos cinco minutos! ¡Hazlo! ¡Ahora mismo!

-Espera un segundo, por favor. Voy a validar la documentación.

-¡Procésalo ya!

-Disculpa, pero esto no está procesado porque la documentación está incompleta.

-¡La documentación está completa! ¡Vuelve a mirar!

-He vuelto a mirarlo y, como ya te había dicho, la documentación está incompleta.

-¡Que no! ¿Qué falta?

-La forma de pago del pedido.

-¡Procésalo así!

-¿Me estás pidiendo que procese un pedido sin que el cliente pague? ¿Puedes enviarme un email para que quede constancia por escrito?

-Oh, mira, acabo de encontrar la página con la información de la tarjeta de crédito, ahora mismo te lo envío otra vez.

Los clientes de la semana de Betsy

27 Ago

clientes

Hoy tenemos otro artista invitado que nos envía sus mejores clientes para nuestra satisfacción:

Los clientes de la semana

Trabajo en Atención al Cliente. Me encanta mi trabajo, quizá porque me dedico a registrar datos en el sistema y procesar pedidos y no tengo que atender llamadas de gente que se acuerda de mis muertos a voces. Creo que a todos nos gusta cuando nos registramos en un sitio o hacemos un pedido, o queremos cambiar la información que aparece en la base de datos de nuestra compañía de teléfono y todo va bien. Cuando la persona que te atiende es eficiente y educada y te ayuda, que es precisamente lo que necesitas. Me gusta ayudar a la gente en sus gestiones y me tomo en serio lo que hago. Pero, aunque apenas tengo contacto directo con los clientes de mi empresa (leo emails y formularios que envían, pero yo solo contacto con ellos a través de emails que no redacto de forma personalizada, son solo plantillas –no tengo autorización para hacerlo de otra manera) veo cosas alucinantes de vez en cuando.

Quizá nunca os habíais parado a pensarlo, pero la forma en la que rellenáis un formulario dice mucho de vosotros. Y si no me creéis, comprobadlo por vosotros mismos (las situaciones son reales pero, obviamente, los datos personales y demás detalles son falsos):

El que no sabe cómo se llama:

Hay mucha gente que no lee los formularios y los rellena como cuadra. Aunque el formulario diga “Apellidos, Nombre” la mayoría se lo pasa por el forro. No importa mucho cuando te llamas Antonio López y cualquiera puede distinguir tu nombre de tu apellido, pero si te llamas Lara Bernabé (o Bernabé Lara) me vas a provocar un dolor de cabeza. Menos mal que en muchos casos los formularios vienen acompañados de una copia del DNI. Pero, aun así, hay gente que se inventa los nombres: recuerdo a una que escribió Rubí Pérez a pesar de que, según su DNI, se llamaba Dolores Pérez.

El que no sabe cuándo nació:

Os sorprendería la cantidad de personas que escriben incorrectamente su fecha de nacimiento. Hay gente que se equivoca de día, que se equivoca de mes y gente que se pone o se quita años con total facilidad. Mis favoritos son los que escriben una fecha de nacimiento al azar y pretenden que nos traguemos que un bebé de pocos días quiere ser cliente de nuestra empresa.

El que no sabe dónde vive:

Entiendo que hay personas despistadas, pero  creo que cuando haces un pedido es normal que digas dónde quieres que se entregue. De todas formas, dejar esta información en blanco puede ser un despiste, pero ¿escribirla y hacerlo mal? Hay gente capaz de decirte que vive en Madrid, darte un código postal de Valencia, y quedarse tan ancha.

El que cree que su ciudad es la única del mundo:

Merecen una mención especial esos clientes que escriben el nombre de su calle, el portal, el piso… y no ponen nada más porque yo ya tengo que saber en qué ciudad viven. Todos estos lumbreras son de Madrid o Barcelona. Estas cosas nunca se le ocurren a alguien de Jaén, Gijón o Lugo. Lo peor es que en la mayoría de los casos ni siquiera escriben el código postal. Para matarlos.

El que envía la documentación incompleta varias veces seguidas:

Si para registrarte te hemos dicho que necesitamos una copia del contrato firmado y una copia de tu DNI, es porque lo necesitamos. Aun así, recibimos muchísima documentación incompleta. Cuando esto ocurre enviamos un email que dice algo así como “Estimado cliente: Le informamos de que hemos recibido su email con la documentación incompleta. Por favor, envíe de nuevo toda la documentación necesaria (incluida la que ya ha enviado) en formato xxx, xxx, xxx o xxx a esta dirección de correo electrónico. Los documentos incompletos no serán tenidos en cuenta.” Parece claro, ¿verdad? Pues no debe de serlo porque normalmente envían otro email más con documentación incompleta (si antes habían enviado un contrato, ahora envían solo el DNI, o viceversa) y cuando vuelven a recibir un email avisándoles de que la documentación está incompleta montan en cólera y responden diciendo “¡Ya lo he enviado tres veces y está en el formato que me indican en su email!”.

El que envía la misma documentación hasta cinco veces, por si acaso:

También tenemos el caso contrario: un cliente que envía toda la documentación correctamente, al que procesas su solicitud rápidamente y te sorprendes al ver exactamente la misma documentación media hora más tarde. Y dos horas más tarde. Y cinco horas más tarde. Y al día siguiente. Por si acaso no lo habías visto.

El que se cabrea porque compruebas si la firma es suya:

Yo pensaba que todo el mundo sabía que la firma es una forma de comprobar nuestra identidad. Que cuando firmas los papeles del banco, el DNI, la tarjeta de crédito, etc. deberías siempre firmar igual y no hacer en cada ocasión el garabato que te apetece en ese momento, depende de cómo tire el aire. Normalmente cuando alguien recibe información de que no se ha procesado su solicitud porque no estamos seguros de que la firma sea suya, simplemente se pone en contacto con nosotros para confirmar que efectivamente ha sido él quien ha firmado el documento o vuelve a firmar la documentación asegurándose de que la firma se parece a la de su DNI. Pero claro, eso es lo que hace la gente normal. Siempre puedes encontrarte con un tarado que te escriba un email plagado de insultos, cabreadísimo porque comprobamos su identidad porque ¡todo el mundo sabe que la firma nunca sale igual!

El que no se explica:

A veces recibo emails que por más que los lea son un misterio para mí. A algunas personas les cuesta muchísimo explicarse. Hay varias subcategorías:

–          Barreras lingüísticas: hay personas que no se explican bien simplemente porque son extranjeros y no saben suficiente español para hacerlo. Aunque también hay españoles de pura cepa que no saben comunicarse en su lengua. Muy triste.

–          Los demasiado formales: otras personas creen que para solicitar que cambies la dirección que tienen registrada en el sistema tienen que dirigirse a ti como si fueras un rey de la Edad Media. Ser formal en exceso, utilizar frases muy largas, sintaxis compleja y expresiones que no significan nada pero que hacen bonito no ayuda.

–          Los que adjuntan un documento escrito a mano que no podrías descifrar ni aunque fueras experto en jeroglíficos.

–          Los que se contradicen y escriben cosas como “quiero que cambies mi dirección porque quiero conservar la actual”. ¿Perdona?

El que se explica… demasiado:

Y te cuenta que quiere darse de baja porque lo ha dejado con su novia y ha tenido que mudarse. Y que ella le fue infiel con su mejor amigo, pero que en el fondo es mejor, porque ¿quién querría vivir con alguien a quien no le gustan las aceitunas?

El que te da toda la información, excepto la que necesitas:

Algunos proporcionan una cantidad increíble de información innecesaria y se olvidan justo de la que a ti te hace falta. Pueden dar nombre y apellidos (pero no completos, no vaya a ser que los puedas encontrar en la base de datos), dirección, número de teléfono, número de pasaporte, talla de calzoncillos… pero de su número de cliente ni rastro. Gracias por nada.

El que tiene una cita que da miedo como firma en los emails:

Mucha gente tiene una cita como firma en los emails. Queda bonito (bueno, a veces) y puede parecer inspirador pero la mayoría (al menos las de mis clientes) dan miedo. Sobre todo cuando son citas de la Biblia que hablan de la ira de Dios.

El que tiene una dirección de email poco apropiada:

Me sorprende que, a estas alturas de la película, haya gente con direcciones de email como gatitasexy69@xxx.com,gordocabezon@yyy.es, mimoson@zzz.com, oleesamorena@gazpacho.es o cosas por el estilo. Y todavía pretenden que les tomes en serio.

También están los que te envían documentación en foto directamente desde Whatsapp de forma que recibes emails con asuntos como “Viva el veranoooo xxxxx le ha enviado un archivo” (donde xxxxx son iconos de soles y olas).

El que envía el formulario incorrecto:

Ya estoy acostumbrada a los faxes con formularios tan oscuros que no puedo leer y a los manuscritos incomprensibles pero aún me alucinan los que te envían un formulario de cambio de dirección, por ejemplo, para pedir que añadas un segundo titular a su cuenta. Y se quedan tan panchos.

Oh, una más de clientes: una vez un chico se equivocó al adjuntar los archivos y en lugar de la documentación nos envió fotos suyas en calzoncillos. Y otra vez recibimos fotos de una familia rusa de vacaciones. Y otra fotos de paisajes de Portugal.

Los clientes de la semana

30 Jul

clientes

Más que de la semana, serán los clientes del trimestre:

Os voy a contar un caso que al final ya no sabía si reírme o llorar:

Viene una mujer y pongamos como ejemplo que me quiere comprar unos calcetines (para que vaya con el título del blog), le enseño varios modelos y me pregunta:

– ¿Entonces todos valen igual?

– No, estos valen 2.50€, estos valen 3€, estos valen 4€… – A la que llego a los que valen 3€ ya noto que no me está ni escuchando porque no para de mirar alrededor. Cuando acaba de mirar alrededor vuelve a la carga:

– ¿Entonces todos valen igual?¡¡Pero si te lo acabo de decir!!

– No, estos valen 2.50€, estos valen 3€, estos valen 4€…A ver si te enteras ya.

– Vale… ¿Entonces todos valen igual?

¡¡No me fastidies!! ¿Le vuelvo a contestar? ¿Me callo? ¿Es una cámara oculta? ¿Una broma? ¿Un cliente misterioso?


Luego está la gente que encarga cosas y cuando llega el pedido tienes que llamarles para avisar. Pues no cogen el teléfono (seguro que porque es un número que no conocen) y a las semanas aparecen en la tienda súper indignados y pegando gritos:

– ¡¡¡Te ha llegado ya lo que te pedí o no!!! ¡¡¡Porque si va a tardar más ya no lo quiero!!!

– Ya hace tiempo que está aquí, he llamado por teléfono tres o cuatro veces y no me ha contestado nadie.

– Eso es imposible, no me habrá sonado.- Curiosamente, en un tono relajado ya sin indignación.

Ya, claro…


Ay, la gente que no se fía de los dependientes:

– Quiero esto.

– No, es que de eso no tenemos.

– ¿¿Que no tenéis?? ¿Cómo no vais a tener?- Con cara de no fiarse de lo que le digo. Es que igual ni siquiera ha ido al tipo de tienda que tendría que haber ido.

– No, de eso no hemos tenido nunca, pero aquí cerca hay una tienda donde a lo mejor sí se dedican a esto.

– ¿Aquí cerca? Aquí no hay nada de esto.– Ya estaba engañando otra vez, como me gusta engañar.

– Pues sí, hay una tienda de esas.

– Eso es imposible porque yo nunca la he visto.

– Pues bueno.

– ¿Pero seguro que está ahí?

– Sí.

– ¿Pero seguro que tienen?

– Pues no lo sé, vaya y pregunte. 

¡¡Ah, que no lo sabes!!– Es que encima que le doy un consejo no se lo puedo asegurar al 100%, para qué habré abierto la boca.

Os juro que esta gente te mira como si fuera a darte una bofetada.


O la gente que está dos horas para elegir cualquier tontería y cuando ya has conseguido que se decidan por algo y hasta les has cobrado y dado la bolsa y la llevan en la mano y están ya en la puerta van y dicen:

-¿Porque otra cosa no, no?

¡¡¡NO!!!! ¡¡¡Otra cosa no, lo que llevas en la mano es perfecto!!!!


Bueno, tengo que confesaros una cosa: no me gusta el verano. No. De ninguna de las maneras. Y lo que menos me gusta del verano es lo pesada que se pone la gente cuando hace calor. Debe ser que todo el mundo al que atiendo tiene la menopausia o no sé pero la frase que más escucho a lo largo del día es:

– Qué calor tienes aquí.

No sé por qué todo el mundo hace esa puntualización. Qué calor tienes aquí. Pero si yo no poseo el calor, si yo estoy a una temperatura ideal aquí con el AIRE ACONDICIONADO, a ver quién va a ser el que tiene calor. Porque yo no, está claro. Y la tienda seguro que tampoco tiene calor.

El súmum  del calor que tienes aquí es una vez que estaba mirando una cosa en una tienda oriental y una señora se lo dijo al chino. Mientras ella se iba corriendo de la tienda. Mientras el chino seguro que no entendía nada porque menuda frasecita para decirle a un extranjero.


Y hablando de orientales, el otro día en un restaurante chino, entra un grupo de gente muy guayona y se sientan en una mesa. El hombre automáticamente le dice a una de las mujeres : “Dame la tablet” y se pone a mirar cualquier cosa (en mi cabeza eran motos pero  a saber). Al rato viene la camarera y el hombre:

–  Ven aquí porque te lo voy a decir yo. Para empezar, queremos el menú del día. 

La camarera le explica que era fin de semana y que no era válido.

– Pues yo he venido aquí muchas veces y me lo has puesto siempre. Sí, tú misma me lo has puesto todas las veces que he venido. – Seguro que sí. La chica le dice varias veces que eso no podía ser y siguen discutiendo hasta que al final dice que si no le pone el menú del día se levantan y se van y efectivamente se fueron sin dar más explicaciones porque eran demasiado guayones como para que les trataran así.

Eso es gente que se piensa que los que trabajamos cara al público en realidad somos esclavos de los clientes. Que si viene un cliente y te pide una cosa tú la haces sin rechistar porque es un cliente. Y cuanta más crisis hay más lo hacen, porque se piensan que como nadie se puede permitir perder un cliente o la mala fama que te pueda dar, tienes que consentirlo todo.

Los clientes de la semana, por Fantasy_ram (vol.04)

13 Abr

No es la primera vez que Fantasy_ram participa en esta, nuestra sección favorita. La pudimos leer aquí , aquí  y aquí, ¡allá por 2011! Y ahora quiere compartir con nosotros más de sus clientes de la semana, así que sin más dilación, os dejo con sus historias:

¡Hola calcetinitos! Hacía mucho ya que no participaba en el blog de mi cyber amiga Therwis y me apetecía un montón volver a hacerlo, y como no podía ser de otro modo, tenía que escribir para mi sección favorita: Clientes de la semana.

Recientemente he tenido la oportunidad de trabajar en una tienda de ropa interior y me ha pasado de todo… he visto a un señor probarse unas braguitas rosas de mujer, no os digo más…

Me viene una señora de unos 50 años, dominicana y mulata, con las curvas que eso implica, y me dice que le ayude a elegir unas braguitas y que su talla es la M. La miro y le pregunto:

-¿Pero que talla de pantalón lleva usted?

– Una 46.

-¡Ah! ¡OK! Entonces su talla es más bien la L (intentando ser amable pero yo pensando que ni la L le iba a valer, yo tengo una 42 y me suelo comprar la XL en mi tienda…)

-No, no, no. Yo quiero la M, si esto estira mira (y estiró las bragas hasta el infinito y más allá…)

Sin duda, si algo he aprendido de este trabajo es que la gente es muy sensible con su talla y que es mejor no llevarle la contraria al cliente (que eso ya lo sabía de antes pero aquí con más razón). Pues la señora se llevó la M.

Recuerdo otra chica que vino a probarse sujetadores y me los enseñó todos… de hecho estábamos solas en la tienda en ese momento y salía del probador y se paseaba sin ningún pudor en ropa interior por la tienda.

Luego están los hombres que vienen a por un regalo para su novia o mujer… me viene un señor que quería comprarle un conjunto a su mujer pero no sabía la talla y me dice: “Espera que te enseño una foto a ver si tú sabes un poco que talla puedo cogerle”. ¡Y me enseña una foto de carnet! Si hombre, si, viendo una foto de la cara de su señora voy a saber que talla tiene de pecho… Al final se llevó una M de abajo y una 90B de pecho que son las tallas que más o menos tiene todo el mundo. Y debió de acertar porque la mujer no ha venido a cambiarlo.

Mis clientes menos favoritos: los turistas que te hablan en inglés, así directamente, les dices que no hablas en inglés y te siguen hablando ingles… ¿por qué?

Mis clientes favoritos de verdad: los franceses que entran en la tienda, hablando entre ellos y ya por eso sé que son franceses, te preguntan en inglés y les contestas en francés y flipan primero pero luego te adoran y ya de paso, además de comprarte, te preguntan por bares de tapas y sitios que hay que ver chulos de Madrid. (Sí, hablo francés porque viví en París dos años, pero inglés ni papa)

Los clientes de la semana

6 Mar

Hace tiempo que no os cuento cosas, así que he recogido unos cuantos clientes, algunos ni siquiera son míos, por si los echábais de menos:

Lo normal es que acabe de atender a una señora y se ponga a contarme que no sabe si este fin de semana se va a ir de viaje o no. ¿A qué santo me estaba contando eso? No tengo ni idea, pero aguántale la historia, o serás una desconsiderada:

– Pues quieren ir a este balneario… a Montanejos no…

– ¡Ah! No sé…

– Claro que no, tú no sabes esas cosas.

¡Menos mal que no trabajo en una agencia de viajes! Porque en ese caso, sería una cosa muy grave, menos mal que solo estoy aguantando el típico “alargamiento de la despedida”, como a mí me gusta llamarlo.

Lo de que no tengo ni idea de cosas es algo que me dicen continuamente. ¡Si ellas llevan años comprando o usando esto y yo no! ¡Si soy una chica! ¡Si soy  muy joven! Etc, etc.

Luego bien que vienen en plan: ¿Por qué me pasa esto? A ver qué se te ocurre que puedo hacer con aquello. ¿Cómo puedo arreglar esto? ¿Qué tendré que hacer con esta cosa?

¡Pero si yo no sé de balnearios!

——————–

Esta señora que viene ahora me gusta especialmente. Sobre todo porque no me pasó a mí, si no mientras esperaba en la cola de una tienda de comida sueca.

Si te llevas dos de esto la segunda te sale a mitad de precio.

– Si es que no sé cuanto vale, ¿qué vale eso?

5.50€, la segunda te sale a 2 con algo…

– Bah, no, no. No quiero otra.

Le dice el precio total de su compra de la bolsa y un par de cosas más. Le intenta pagar con un billete de 5. Lo mueve con desesperación (por supuesto que tiene prisa, como todos los clientes, hasta que ya les han cobrado y entonces se ponen a hablar de viajes de fin de semana a balnearios), sigue moviendo el billete y el cajero no lo coge porque no hay suficiente, le repite el total:

– ¿Quéeeeeeeeeeeeeee? ¿¿¿¿¿Por qué es tan caro si solo llevo eso????? ¿Qué cuanto vale la bolsa?

5.50€

– Ah, pues no, no, no, no, no la quiero. Solo lo otro.

Yo por dentro ya estaba pensando en un post de los clientes de la semana. Y el cajero seguro que también, pero no lo dirías por su cara, estaba tan tranquilo. Seguro que acababa de empezar el turno, porque si  llevara cuatro o cinco horas aguantando gente que no escucha, yo al menos hubiera echado la mirada de cliente de la semana.

———————

Y esto pasó en una “tienda oriental”, otra vez haciendo cola en la caja.

Llega una mujer con su hija y llevaban unos cromos de alguna actriz de moda de Disney Channel y el cajero oriental los coge y los pasa por el escáner.

– No, eso lo he comprado en la tienda de juguetes. Tengo el ticket. ¿Es que también los vendéis aquí?

– No.

¿Entonces por qué lo pasa? Es una cosa que no entenderé jamás, por mucho que lo piense. Bueno sí, por si acaso. No sea que por una casualidad lo vendan y no lo cobre.  Como Maggie en la cabecera de los Simpsons. Espero que Marge llevara el ticket.

——————-

Esto no es un cliente de la semana, o a lo mejor sí, pero me acabo de acordar de cuando estuve ordenando unas cajas y tirando las que estaban vacías y en una de ellas apareció una estampita de alguna virgen. Estaría bendiciendo el cartón.

Luego también están los señores que van a comprar con sus señoras pero no tienen ganas de que se entretengan en una tienda y mientras entran ya les van diciendo “aquí no hay de eso que tú quieres”, me encanta que después del comentario la señora me pida algo que sí tengo y enseñárselo y mirar la cara del hombre que tiene que fastidiarse y estar un rato en la tienda con su señora.

Y nadie entiende lo que es una oferta 2×1, NADIE. No es tan complicado, te llevas dos y pagas uno. Se lo dices así. Siguen sin entenderlo, haces una descripción gráfica de lo que significa. Siguen pensando que se llevan 2 y pagan un euro, y cuando por fin lo entienden te preguntan que para qué quieren tantos. Pues cuando supuestamente valían 1 euro bien que los quería.

“Vengo a ver si tienes de esto, pero no vas a tener, a ver, no, no tienes, no vas a tener, no tienes, no, no tienes.”

Bueno, a ver si me lo enseñas ya y te digo si lo tengo o no lo tengo.

Que yo no sé para qué entran a preguntar si no dejan ni que les digas si tienes o no. Por si acaso no será, porque ni explican lo que quieren ni dejan que les pregunten qué es lo que necesitan.

Y para acabar, os dejo de regalo las excusas más usadas para no comprar:

– Luego vengo (y llevan el dinero en la mano)
– Cuando cobre vengo (hay que decir que esta excusa es verdadera, pero el 90% de la veces, una excusa)
– Pues ya me paso esta tarde.
– Me lo guardas y vengo mañana.
– El martes cuando pase me lo llevo.
– Es que no llevo suelto (siguen con el billete en la mano)
– Espera, que tengo que hacer una llamada de teléfono.
– Voy a sacar dinero al banco y vuelvo (Pero si puedes pagar con tarjeta. No, es que tengo que sacar dinero.)
– Voy a mirar qué talla tengo en casa, no sea que sea la misma, aunque la que tengo en casa me viene grande y esta que me enseñas me viene bien. (Una de mis situaciones favoritas, un día os la contaré bien, es muy divertido)
– Voy a comentárselo a ella. (No me preguntéis quien es “ella”, supongo que su amiga imaginaria)
– Tengo que ir a salvar un planeta extraterrestre con el Doctor.
– Voy al médico y vuelvo.
– Voy a por huevos y cuando pase me lo llevo.
– Es que igual ya se lo ha comprado “ella” y no voy a comprarlo yo.
– Me voy a esperar (lo necesitaba urgentemente)
Es que vas a cerrar (son las 10.30 de la mañana)
– Luego paso que tienes mucha gente (hay una persona delante y ya le estoy cobrando)
– Ahora no me lo puedo comprar porque estoy gorda (¡En serio! Esta también es genial)

A mí las que más me gustan son las que envuelven tener que guardarles el producto. Y como en realidad no lo quieren, tú se lo guardas y no lo vendes jamás porque nunca vienen a por él. Lo mejor es cuando aparecen otra vez por la tienda y tú sabes que tienen una cosa guardada pero ellas se hacen las locas, ¿no ves que el cliente siempre tiene la razón?

Los clientes que me tienen hasta el gorro ya

18 Sep

Trabajar cara al público es un fastidio. Yo sé que a veces soy un poco borde porque me han echado alguna bronca que otra, pero es que a veces es taaaaaan difícil no perder los nervios y querer (vamos a ponerlo suave) nominar a algunos clientes al reto del  cubo de agua helada.  Pero con muchos muchos cubitos. Un montón. Y tirárselo por encima con saña. Yo al menos me quedaría un poco a gusto.

Ya sabemos que hay mucha gente maleducada por el mundo: no controlan a sus hijos, ni a sus perros, cogen el teléfono mientras hablan con el dependiente y lo dejan ahí plantado (y cuando cuelgan aprovechan para mirar los últimos mensajes),  miran por encima del hombro, son súper bordes porque el cliente siempre tiene la razón diga lo que diga, etc, etc. Pero luego hay más tipos de clientes, clientes que los mires por donde los mires no sabes de donde han salido.

Hay gente que tiene que explicar para qué y por qué compra las cosas, tanta explicación que al final no sabes si eso lleva a una compra (o por lo menos a enseñarle y aconsejarle un producto) o solo ha venido a contarle su vida a alguien. Me exasperan principalmente porque no se dan cuenta de que tienen a cinco personas resoplando detrás de ellos haciendo cola. Y ahí están contándote cuantos kilos ha pesado su nieto que nació hace veinte años y qué le hicieron para comer hace un mes cuando vino el domingo.

– Sí, bueno ¿pero entonces qué necesita?

También están los que pretenden devolverte cosas que ni siquiera han comprado ahí. Algunos vienen varias veces, la primera para decirte que su madre ha venido y ha comprado cualquier cosa, pero que resulta que no le gusta y claro, lo tienen que cambiar. La segunda para mirar a ver por qué cosa pueden cambiarlo. La tercera para traerte el producto, en una bolsa de la competencia, de una marca que no ha pisado un pie en esta tienda jamás. Explícales que eso no lo ha comprado ahí después de todos los viajes que han hecho por su culpa.

– Pues claro que lo ha comprado aquí ¿dónde lo va a comprar si no?

– En la tienda que pone en la bolsa. Que no es esta.

– ¡Pero si está segura de que lo ha comprado aquí!

– Ya sé que yo no tengo ni puñetera idea de lo que vendo en esta tienda  y  que es difícil de entender, pero eso no es nuestro.

Y por supuesto que no tienen el recibo, no sé para qué preguntáis.

Mis preferidos son los que creen que no es una tienda, es una venta de garaje de una película americana o algo por el estilo.

– ¿Y esto dónde lo has comprado?

Ya sé que ahora hay unos cuantos almacenes al por mayor que también venden al por menor porque así ellos ganan más dinero y el pequeño comercio cierra, pero de ahí a que alguien piense que en una tienda se compran cosas de otra tienda para revenderlas, como que no tiene mucho sentido, la verdad.

Y si no le dices donde lo has comprado (entre otras cosas porque qué mierda vas a saber tú, que eres un dependiente y lo único que haces es escuchar dramas de los clientes), pues ya se irán de tiendas a buscar eso. Y luego vendrán a verte otra vez a tu venta de garaje a enumerarte los sitios donde puedes ir a comprar esto que ya tienes en tu tienda y que ya vendes en tu tienda.

Otros que también me encantan son los de ¿Y no vas a traer? o mejor aún ¿y no te a va a llegar?

Vienen a pedir cualquier historia (que a lo mejor ni siquiera existe), que no has tenido nunca porque eso ni se vende ni nadie lo necesita o, como he dicho antes, no existe, pero pretenden que aparezca de la nada.

– ¿No te va a llegar?

– Pues mire sí, precisamente mañana llega un camión lleno de monóculos. Es curioso que precisamente hoy haya venido alguien por primera vez en siglos a preguntar por un monóculo.

Dentro de este grupo hay un subgrupo de “gente que espera que al explicar la historia completa de para qué necesita lo que va a comprar aparezca de la nada en un cajón a pesar de que ya le han dicho varias veces que de eso no tienen”

– Necesito una plancha de esas que se calentaban al fuego y luego planchaban.

– De eso no tengo nada.

– Ya pero es que la necesito porque mira, mi bisabuela cuando yo era muy pequeña usaba esas planchas ¿sabes? porque claro antiguamente no había luz ni centros de planchado ni nada ¿eh? Y entonces pues yo ahora quiero una, porque se me ha roto la mía, la que va con luz sí, que es así como esta así blanca, no sé la marca ni nada, pero es blanca y  así acaba como en punta ¿sabes? y tiene unos agujeritos abajo, que hacen como así un triángulo así como esta, pero en realidad no es así es más asá,  y como yo aquí en verano me pongo  y enciendo un fuego en la chimenea todos los días, pues así aprovecho y hago la plancha y seguro que eso no cuesta ná. Cuatro perras, seguro y así ahorro de la luz, porque hay que ver qué cara se ha puesto hija, y claro, yo ahora soy viuda y mi hijo está en el paro y ay, ay, ay, ay, tres años en el paro que está mi Tonín, y ahora mi nuera va y se queda preñá y espérate porque van a nacerle cuatrillizos y ay, ay, ay, ay, ay, que no vamos a poder, qué gastos, qué gastos.

– Ya, pero es que no tenemos planchas de esas antiguas.

– ¿No? ¿Y no vais a traer? ¿Y sabes dónde puedo yo encontrar eso?

Sí, es que además te preguntan en qué otra tienda de la competencia pueden comprar eso que tú no tienes.

Que también es gracioso cuando se han comprado una cosa hace cuatro o cinco años y vienen y te dicen:

– Quiero un libro igual que uno que me compré hace cinco años.

– Vale. ¿Se acuerda del nombre del libro o del autor? (Esperemos que sigan editándolo y que lo tengamos ahora mismo aquí)

– Pues era de tapa blanda.

– Perfecto, ya sé cual es.

Ah, y que no se me olviden los que saben mejor que tú qué es lo que vendes y lo que no y donde está colocado todo en la tienda donde han entrado por primera vez.

– ¿No lo tendrás en ese cajón de ahí?

– ¿Y eso de allí no es?

– Me compré esto el otro día y necesito otro. La chica que me lo dio lo sacó de allí. – Señalando un sitio vacío.

– Ya, pero es que eso ahora lo hemos puesto en esta estantería de aquí.

– Pero ella lo sacó de allí, está allí.– Otra vez el sitio vacío que ahora es un ascensor, por ejemplo.

-Uy, aquí no tenéis de lo que yo quiero. No, no, no, no, no, no. Aquí no tenéis de esto. No, no,  no, no,  no, qué va, qué va.

Yo siempre espero que esta última persona salga por la puerta sin ni siquiera decir lo que quiere, porque a lo mejor sí que lo tengo, pero es gracioso como la gente va a los sitios para luego irse sin más.

Ahora me diréis que si os pasa todo esto el mismo día no acabáis con ganas de hacerlos el reto del cubo de agua helada antes de iros a casa.

Los clientes de la semana

6 Feb

Más que clientes de la semana, tendrán que ser del mes, o del trimestre, o del año.

Clientas que te quieren engañar con las monedas

Una señora una vez intentó pagarme con pesetas como si no se hubiera dado cuenta de que lo eran. En plan en vez de un euro, era una moneda de 100 pesetas.

– Esto no son euros, son pesetas.

– ¿Ah sí? Es que las he sacado de una bolsa que las tenía guardadas, y ni me había fijado.

Claaaaaaaaaaaaaaaro.

El otro día una moneda del Tíbet o de Nepal como si fueran 20 céntimos.

-¿Esto qué es?

– 20 céntimos.

– No, si esto es de Nepal.

– ¡Qué va a ser de Nepal! ¡Si son 20 céntimos!

Los pesados:

La gente de “ay, enséñame esto, enséñame aquello, a ver qué tienes, ¿y ese de ahí?”  y me pruebo esto y me pruebo aquello y de repente cuando ya has estado veinte minutos atendiéndolas te sueltan que bueno, que ahora no llevan dinero y que ya sabiendo que tenemos ya vuelven otro día. Ni que decir tiene que no vuelven nunca.

Es que si volvieran no me importaría sacar media tienda para que la vieran, pero nunca vuelven.

Cuando las clientas se ponen pesadísimas con cualquier tontería y sabes que no van a comprar nada (en su mayoría), y la gente de la cola dice que ahora viene en otro ratito y te dan ganas de decir, “no, si esta señora ya se iba”. Como en las películas. Y que se vaya, claro.

También están las que pretenden que las atiendas desde la puerta. La abren y te gritan que si tienes calcetines o cualquier cosa y esperan a que vayas corriendo a la puerta y le saques veinte calcetines. Yo tengo por norma no atenderlas si me vienen con esas, ni me acerco a la puerta, les pego los mismos gritos que me pegan ellas, pero desde mi mostrador. Que esto no es el mercado, a ver si se enteran ya.

*********************************

Como os decía el otro día, la gente que tiene hijos o no debería ir a comprar con ellos o no debería de pasar tanto de ellos cuando entra a una tienda:

Entran una madre y un hijo  y lo primero que hace el niño es meterse en el escaparate. Le decimos que al escaparate no (porque es obvio que los niños no se deben meter en el escaparate), la madre pasando como si el niño fuera de otra persona. La atiendo, de repente me acuerdo de que llevaba un niño y hace rato que ni lo veo ni lo oigo así que lo busco con la mirada por la tienda mientras digo “¿Y el niño? ¿No estará otra vez en el escaparate?” Lo veo que está  rodando por debajo de una percha. La madre ni se ha girado a mirar al niño, me sigue mirando a mí, como si lo que yo estaba diciendo, que era una indirecta, no fuera con ella.

Y así siempre.

Los clientes de Navidad

25 Dic

Hoy, como día especial que es, quiero hacer un post también especial sobre clientes, para que lo leáis cuando volváis de comer con la familia y solo podáis mover los ojos.

COSAS CURIOSAS POR LAS QUE ME PREGUNTAN A VECES

Yo creo que está bastante claro qué clase de tienda es con solo mirar el escaparate, pero aún así parece que a algunos se les hace un poco difícil:

  •  ¿Aquí venden chuches? (Niño despistado)
  • ¿Tenéis luces de navidad para vender? (que haya luces en el escaparate no significa que las vendamos, significa que es navidad)
  • ¿Tenéis postales de Navidad? Es que he visto en el escaparate… (esto es especialmente gracioso porque en ese preciso momento lo estábamos cambiando y no había NADA)
  • Es que tengo una correa para el perro de esas que se estiran y se me ha roto una patita que lleva ahí y pues a lo mejor teníais algo. (Pues no, y además estaba cerrado y tuvimos que abrir porque se puso a llamar a la puerta)

Gente que no se contenta con un no:

– Vengo a ver si tienes de esto.

– No tengo.

– Pero es que no es como esto, el que necesito es más ancho y más corto. He traído este para que supieras lo que es.

– Ya, pero es que eso no lo vendemos. Ni más ancho ni más estrecho.

Sigue mirándome como si le estuviera diciendo que sí tengo pero no voy a buscarlo. Ya no sé como decirle que no tengo.

– Que no tengo. Ni de ese ni de ninguno.

– ¿¿¿¿No?????¡Por fin!

– No.

COSAS QUE SE DEJA LA GENTE EN LAS TIENDAS

  • Dos gafas de sol
  • Dos pañuelos
  • La gorra*
  • Medio melón.
  • Un carro de la compra
  • Revistas
  • Un gato
  • Otra vez el carro de la compra
  • Las llaves del coche.
  •  Más gafas de sol
  • Lo que acaban de comprar
  • El monedero
  • Las llaves de casa
  • Gafas de ver
  • Una bolsa con ropa
  • Cebollas
  • Una bolsa llena de pescado
  • El pan

* La historia de la gorra.

Un buen día entra una mujer en la tienda con una gorra en la mano:

– ¿¿Esto es de alguien de aquí??? ¡¡¡Porque estaba en la calle !!!!!

Las mujeres siempre gritan mucho cuando entran a un sitio. No, no era de nadie, así que la dejamos otra vez en la calle. Al rato otra mujer entra con la gorra en la mano:

– ¡¡¡¡A alguien se le ha caído una gorra!!!!!

Sigue sin ser de nadie de la tienda, así que otra vez a la calle. Vuelven a entrar.

– ¡¡¡Esta gorra estaba ahí fuera!!! ¡¡¡Se le habrá caído a alguien!!!!

Al final ya tuve que coger la puñetera gorra de los huevos y esconderla dentro de la tienda para que la gente dejara de entrar a preguntar si era de alguien. Y ahí está, porque no era de nadie por mucho que se empeñaran todas las que pasaban por la calle.  Tienen que meterse en todo.

Mención especial quiero hacer a esa señora que entró en la tienda un día, sin soltar la puerta puso unos ojos que parecía que se iban a salir de las órbitas, y salió de la tienda dando pasitos hacia atrás como si no hubiera entrado nunca. Es probable que nadie se diera cuenta porque la tienda estaba llena y todos estábamos ocupados, pero yo tuve la suerte de levantar la vista hacia la puerta en ese preciso momento y la vi.

Y ahora, como es navidad y en navidad hay que hacer cosas bonitas por la gente que está a nuestro alrededor voy a hacer un llamamiento a toda esa gente que va a comprar con sus mil hijos: Por favor, dejadlos en casa o en el parque o en la puerta de la tienda atados a un árbol, como a los perros, porque algunos arman un jaleo de mil demonios, lo tocan todo, molestan a los demás clientes, tiran todos sus juguetes por el suelo y no podemos movernos para atenderos y, sobre todo, si se meten en el puto escaparate o les echas la bronca y los sacas de ahí o los vendemos. Que ya está bien que los perros que entran sean más educados que los niños.

Los clientes de la semana

14 Nov

Lo que más me saca de quicio son LOS COLORES. No me había dado cuenta de la manía que tiene la gente con los puñeteros colores. Están comprando cualquier cosa para un niña, pues cuidado que tenga un punto azul en cualquier sitio. Lleva un dibujo de un paisaje:

–  ¡¡¡¡Esto tiene azul!!!

– No me fastidies, que el cielo es azul.

– Pero es que lleva azul y la madre es muy especial.

– No creo que a la madre le moleste que el cielo sea azul, porque es su color normal.

Y entonces empiezan las retahílas de “pero es que”. Si hasta me han llegado a decir que el rojo es color de chica, que no podía llevarle a su hijo una mochila de color rojo.

Lo peor es cuando el dibujo tiene azul y rosa. No se lo llevan para chico porque tiene rosa y no se lo llevan para chica porque tiene azul, estamos esperando que venga alguien ambiguo, que no sea ni niño ni niña para que se lo lleve.

***************************

Te pregunta cualquier cosa y les dices que no hay y se queda plantada hasta el fin de los días, no sé si está esperando que me saque del bolsillo de Doraemon lo que me ha pedido o a que venga otro dependiente para poder volver a preguntar.

Porque cuando no se fían de si les estoy diciendo la verdad lo quieren buscar ellas mismas:

– ¿Esto no lo tienes más pequeño?

– No, el único que tengo es este.

– ¿Entonces no lo tienes más pequeño?

– Ahora mismo el único que hay es este. 

Y entonces lo vuelve a preguntar mientras poco a poco se va acercando al lugar de donde lo he sacado para ver por sí misma si le estoy mintiendo porque no me da la gana vendérselo o es verdad. Pero como el cliente siempre tiene la razón, yo soy tonta.

Lo mejor es cuando vienen a buscar algo especial  y les digo que de eso no, pero hay algo parecido y entonces se ponen súper dignas en plan:

– ¡¡¡¡Pero eso no es!!! ¡¡¡Eso no es lo que te he pedido!!!

– Ya lo sé, pero como no tengo, te enseño esto por si te apaña, porque es parecido.

– ¡¡¡Pero eso no es!!! ¡¡¡Eso no es lo que te he pedido!!!

– Ya lo sé, pero como no tengo, te enseño esto por si te apaña, porque es parecido.

Y así durante un ciclo mortal.

No se fían un pelo porque se creen que no les quiero vender cosas porque me caen mal. Claro, como hay gente que vende a su madre cuando le piden cualquier cosa… Luego intenta tú venderles algo que no es como sí que lo fuera, que ni en broma lo consigues.

También está la maravillosa conversación que tengo casi todos los días:

– ¿Tú eres de aquí?

No, llevo el uniforme y estoy detrás del mostrador porque me han traído hasta aquí los Polvos Flu, no te fastidia. Y por mucho que les diga que sí, me lo preguntan varias veces mientras les atiendo. Es impresionante.

Usar la educación cuando vas a comprar

9 May

Ya dije una vez que para ser educado solo es necesario usar tres palabras: Hola, gracias y adiós. Sobretodo gracias. Cuando voy a una tienda y se me olvida dar las gracias me siento mal.

Yo, que he trabajado en muchas tiendas y he visto cosas que jamás imaginaríais (bueno, en realidad os las imagináis porque os las he contado), intento comportarme cuando el cliente soy yo.

No os imagináis lo frustrante que es cuando un cliente te pide que le enseñes algo y cuando se lo enseñas pasa de ti y se pone a mirar otras cosas. Porque yo cuando voy a una tienda y pido que me enseñen algo, lo cojo, lo miro y si no me interesa, pues ya lo dejo en el mostrador o se lo devuelvo a la persona que me atiende, no me pongo a mirar otra cosa antes si quiera de mirar lo que he pedido primero. Es que claro, miradlo desde mi punto de vista:

¿Me puedes enseñar eso de ahí?

Cojo una escalera, me subo, bajo lo que me piden, lo abro, saco lo que hay dentro, lo enseño. Y cuando lo enseño, la persona ni me mira, ni al producto tampoco. ¿Para qué? Es que claro, he tardado 10 segundos en acercarlo, le interesaba tanto que ha perdido el interés. ¿Y qué tengo que hacer? Porque claro, yo lo estoy enseñando, pero nadie lo está mirando. ¿Qué digo? ¿Lo vuelvo a esconder sin hacer ningún comentario? ¿Lo dejo encima del mostrador?

– Aquí está.

Siguen pasando. O sea, que no les interesa. ¿Lo guardo ahora? ¿Sigo haciendo como si fuera un robot sin sentimientos y no le miro mal ni le digo cuatro cosas? ¿O aprovecho para guardarlo con tranquilidad en su caja mientras el cliente coge el teléfono o mira sus wasaps?

Porque realmente me pregunto si a ellos les gustaría que un cliente entrara en su tienda y, en vez de hacerles caso, se pusieran a leer wasaps. Porque lo de ponerse a hablar por teléfono de repente ya no está de moda, ahora lo que mola es tomarse todo el tiempo del mundo leyendo los mensajitos chorras que te envían. Y contestando. ¿Para qué vamos a esperar a salir de la tienda para eso? No es necesario, esta persona está ahí para aguantarte todas tus tonterías ¿no? Pues los wasaps también, claro.  Pero luego que ni se le ocurra al dependiente tomarse su tiempo para atenderte ¿eh? ¡Jamás! Lo tiene que hacer todo rapísidimo, porque tienes un montón de prisa por salir de allí y enviar más wasaps.

Oye, que igual soy yo, que soy socialmente inútil, pero ya me lo han hecho tantas veces que…

Las cosas curiosas que he vendido estas navidades

16 Ene

Porque esta vez no he vendido solo cámaras (en realidad, creo que cámaras es lo que menos he vendido) y me hacía gracia cada vez que tenía que sacar del almacén algo que ni siquiera sabía lo que era y hacer como que siempre he estado vendiendo cosas de esas.
Cosas como por ejemplo:

*Escurrebiberones*

chicco-escurre-biberones-easy-life

Chicco

Me pareció súper gracioso porque parece un campo con flores y hierbas donde poner biberones.

*Una tableta gráfica más grande que yo*

intuos4xl-1g

Wacom intuos 4 XL

Y encima creo que era la M, no me imagino como sería la L.Esta es otro de mis caprichos latentes, están ahí, sé que no los necesito para nada (entre otras cosas porque no sé dibujar y tal) pero me apetece tener una y parecer que tengo arte o algo.

Hay que decir que esto sí sabía lo que era. Pero cuando vi el tamaño de la caja aluciné.

*La estrella de la muerte de Star Wars de Lego *

Lego 10188

Esta señorita está hecha de piezas de Lego, cuesta unos 400€, yo al principio pensaba que el precio estaba mal, pero no. El señor me dijo que valía 500 en otro sitio. He encontrado este blog donde hay fotos del montaje. La verdad es que es una pasada. Si eres un friki de Star Wars. Y si te gusta montar cosas.

*Este ratón*

saitek-cyborg-f-l-y-51

 O bueno, eso es lo que creo que es. Se llama Cyborg F.l.y. 5 y lo he vendido un par de veces. Es tan sumamente friki que no sé ni para qué sirve. Ni siquiera sé si es un ratón o solo un joystick.

* La batamanta *

snuggie_burgandy_1000

Esto ya os lo conté aquí, no veáis que ilusión me hizo que viniera esta pareja con un pedido de batamantas, estaba bailando break dance en mi interior. Que es lo que hago cuando algo me hace ilusión, bailar break dance en mi interior.

*Azúcar para hacer algodón de azúcar*

¡Con sabor a cola!

Cuando entré al almacén a buscar esto no tenía ni la más remota idea de qué era. Y como pesaba el jodío.

*Un despertador de R2D2*


Esto también os lo enseñé pero en ese momento no lo había vendido de verdad, ahora sí. Me siento realizada.

*Una máquina de hacer palomitas*

maquina-retro-palomitas
Si yo tuviera una de estas en casa… Menudo multicine me montaría.

*El tío que se la pegó contra el escaparate y se hizo una herida por la que manaba sangre*

Esto no lo vendí,  es un bonus track. En mi último día (ya después de navidad y con la tranquilidad que le da eso a la tienda) de repente se oye un golpe y tiembla toda la pared de las teles. Yo, ingenua de mí, pensando que sería el típico tío que se pasea por los centros comerciales con una máquina de abrillantar suelos borracho, que se la había pegado contra la pared de al lado o algo. Pero no.

Entra un señor que quería atravesar el escaparate por lo visto, con toda la cara llena de sangre, el pobre iría pensando en sus cosas y a una velocidad bastante rápida…

Entré en el almacén diciendo “¡incidente! ¡Incidente!”, pero como, supuestamente, soy tan tranquila nadie se alarmó.

*El simulador de vuelo*

Esto constaba de varias cosas, que yo no tenía ni idea de qué era cada una de ellas.

Uno era un monitor, que era solo uno y no seis como aparecía en la foto. Un panel de mandos y un asiento regulable, que en realidad resultó ser solo el regulador de abajo, el asiento no.
No pongo fotos porque no encuentro por ningún sitio nada parecido. Y el hombre suponía que yo tenía que saber lo que le estaba vendiendo. ¡Pero a mí nadie me dijo que tenía que entender de accesorios para simuladores de vuelo para trabajar aquí!

* La taza objetivo*

Esto lo vi por primera vez en Muy Originalité , así que cuando me lo pidieron para un amigo invisible bailé break dance en mi cabeza. La verdad es que me parecía un poco caro, pero a la chica le entraba en presupuesto y le parecía una buena idea, así que bailé break dance maximum cuando me dijo que se lo llevaba.

Bueno, y ya está. Supongo que nunca más volveré a vender estrellas de la muerte de lego y me da pena.

los clientes de la semana

9 Ene

Bueno, pues aquí van los últimos clientes 4.0, ya veremos cuando tenemos más, de momento, disfrutad de estos:

. Los gilipollas que ni saludan ni se despiden y solo emiten palabras cuando se cabrean.

Días antes de Reyes, la tienda a tope. Digo “siguiente, por favor” para que siga pasando gente por mi mostrador. Una chica me mira, se acerca con otro chico. Les digo “hola” , no me dicen nada. No me miran. Se apoyan en el mostrador. El chico busca algo en su bolsillo. Pienso que igual son extranjeros, que no saben como decirme que vienen a por un pedido y que van a enseñarme el número. Efectivamente me enseña la pantalla de un móvil, les digo que ahora mismo lo traigo y me voy.

Ni una sola palabra por su parte.

Al rato vuelvo con su pedido. Les digo el precio.

– Ah ¿Pero está aquí?- Oh, ah, alguien ha hablado. No me lo creo.

– Sí, aquí lo tengo. – Ni siquiera me has notado como me iba y volvía con esta caja gigantesca, pero vale.

– Quiero que cambies el nombre de la factura.

Vale, al hacer el pedido, habían puesto varios nombres y el de la factura había que cambiarlo. Pero el programa no me deja, así que cambio la info de cliente para intentar que salga así. No.

– Pero no ha salido bien.

– Ha salido el CIF pero se ha quedado con el mismo nombre.

– Pero esto a mí no me vale. Si no sale el nombre esto a mí no me vale. – Habla la chica, que parecía extranjera por un par de palabras que había soltado a su chico antes, pero no lo parece, casi maneja el idioma mejor que yo para enfadarse.

– Ya, pero es que la dirección de facturación no se puede cambiar si el pedido está cerrado. He cambiado la del cliente pero ya ves que no ha salido.

– Pero a mí esto no me vale. Lo tienes que cambiar. Lo tienes que cambiar porque a mí esto no me vale y yo ahora me voy con esto que no puedo desgravar por un error que no es mío.

¿Perdona? La que no ha sido capaz de poner el nombre bien a la hora de hacer el pedido no he sido yo ¿eh?

– Ya, pero has visto que solo me deja cambiar el nombre que he cambiado pero no ha salido ahí.

Se piran. Ni adiós, ni contacto visual, ni nada. Ale, que os vaya bien, educados.

——————————————————–

. El chico de después que me dijo que me fuera leve.

Pues después vino un chico, que al principio estaba cohibido después de la escena de la gente esta maleducada que ni dijo hola ni adiós. Me dio su número de pedido y me costó encontrarlo porque estaba ahí al fondo de las cosas. Al final lo saqué  y se lo expliqué. Y cuando se le pasó la cohibición me empezó a hablar:

– Tenéis la tienda llena ¿eh?

– Sí, está la gente recogiendo pedidos para reyes como locos.

Le doy su cambio y su ticket.

– Bueno, muchas gracias, que te sea leve. Hasta luego.

Cosas que he aprendido en mi trabajo cara al público: Ser educado solo requiere tres palabras: Hola, adiós y gracias.

—————————————————————-

.Las gitanas de los marrones.

Aparecen una señora de etnia gitana y una niña de unos 12-13 años, arramblando como arramblan ellos que parece que tengan prisa máxima y tienes que atenderlos como si se acabara el mundo en cinco minutos   y tuvieran que hacer la compra ya.

– ¡¿Tienes de la maquinita de la niña del lápiz?!

Lo habéis entendido, ¿verdad?

– ¡¡La nintendo ds!!

– Ahh… Esas que están ahí.

– ¡La rosa! ¡Pero sin cámara! ¡Esas son con cámara!

– Pero si las que son sin cámara son las primeras que sacaron, que eso ni se fabrica ni nada. – Que yo sepa.

– ¡Pero esa no es! ¡La quiero sin cámara! Para la niña que es su cumpleaños la semana que viene. ¡Tráeme una sin cámara!

– Sí.- ¿Para qué discutir más?

– ¡Pero esa cuanto vale!

– 145 €

– ¿Y eso cuánto son niña?

– Dos marrones…

– ¿marrones?

– Dos marrones, dos azules y uno verde.

Lo seguís entendiendo ¿no? Al final capté que lo que estaba diciendo la niña era el color de los billetes que tenían que pagar. Pero no veas, dos marrones. Bueno, igual la señora no sabía leer y entendía mejor así el tema de los billetes. Yo que sé.

– Tres marrones y te devuelvo uno verde.

– Ay, tres marrones, eso es mucho dinero. Es mucho dinero. Bueno, pero tráeme una. ¡Una rosa sin cámara!

– Sí.

– ¡Para la semana que viene, tráeme una!

———————————————————-

. El hombre del Ipod.

Viene un hombre a devolver un ipod touch. Que resulta que él se había pedido un Iphone para Reyes pero le habían comprado un Ipod. Claro, físicamente es parecido. Estaba todo indignado, porque se había pedido un Iphone y le habían regalado un Ipod que eso él no lo quería para nada y no lo iba a usar y tal  y cual y lo quería devolver y donde pone el total de la devolución en este papel que me estás dando y yo no quería esto que no lo voy a usar, yo lo que quería era un Iphone…

Pues al principio venía súper indignado, con la confusión y porque se pensaba que iba a tener que montar el numerito para que le devolviéramos el dinero. Pero como la mayoría de la gente parece que no sabe que esos 15 días que tiene (son 7 por ley ¿eh? Que conste) para probar el producto no es solo por si no funciona cambiarlo, es también por si no te acaba de convencer, no es lo que querías o lo que te esperabas y tal. Al final se tranquilizó un poco (no se por qué en esta tienda todo el mundo dice que soy súper tranquila jajajaj no me conocen.) le dí su hoja de entrega del aparato, le gestioné la devolución, le cobré otra cosa que se llevaba y ya está, todo bien, sin problemas.

Gente, que no hace falta ponerse “tó burro” para que te devuelvan el dinero en una tienda. Que a veces parecemos tontos.

—————————————————-

.Las devoluciones.

Hablando de devoluciones, viene otro a devolver unas cosas, una que no iba y otra que no quería, que había comprado SU MADRE (y ahora veréis por qué lo pongo en mayúscula)

Le explico como funciona el tema y tal. Al principio bien, luego se ve que mis frases calaron en su cerebro y dijo “uy, esto no me gusta, no es un procedimiento normal”, así que ale, escenita. Casualmente tenía un par de compañeros por ahí rondando y oyendo al chico mientras decía:

– ¡Pero es que a mí nadie me ha dicho que esto es así! ¡A mí nadie me lo dijo!

¿¿¿Perdona??? ¡¡¡Pero si no eras tú el que lo compró!!! ¿Cómo quería que se lo dijéramos si no estaba ahí? ¿Quería una videoconferencia con su madre para que le explicáramos como tenía que devolver sus regalos de Navidad? Le digo al compañero que de todas formas, el ticket no estaba a su nombre, que si no lo ha comprado él, no sé como quería que se lo hubiéramos explicado.

 Total, es que a la gente la sacas del “te devuelvo esto, toma tu dinero que saco ahora mismo de la  caja para ti” y no es capaz de ver más allá. Si le estás devolviendo el dinero, solo que no en mano.

Desde luego, yo no podría trabajar en post venta y estar todo el día aguantando escenitas una detrás de otra. Ya lo tengo claro.

Y así me pasé todo el día después de Reyes, no veas la de gente que no está contenta con sus regalos. A mí me regalan por ejemplo, una tablet, y no me pongo a mirar en la web de la tienda a ver si hay alguna mejor que esa, si está bien, yo me la agencio, otra cosa es que sea un full. ¡Pero eso no lo sabes si la estás devolviendo sin abrir!

——————————————–

.las financiaciones.

Me preguntan por un objetivo de 1.000 euros, le comento que no lo tengo, que hay que pedirlo y tal.

– ¿Y aquí financiáis?

– No, no financiamos.

– Pues entonces ya no te pregunto nada más.

Yo creo que esa hubiera sido la primera pregunta en el caso de que yo fuera la clienta, antes de preguntar si tengo el objetivo en la tienda o si lo tengo que traer o lo que sea, pero en fin.

– ¿Y otra tienda vuestra en la ciudad?

– No hay más aquí.

¿Acaso creía que en otra tienda igual conseguiría que le financiaran? Si es política de empresa no creo que se acepte en unas tiendas y en otras no, vamos, creo yo.

Y se van indignados. Como no.

Os estoy preparando un post con las cosas curiosas que he vendido estas navidad, ya veréis, ya.

Los clientes de la semana

2 Ene

Vamos a empezar el año con buen pie: ¡Con clientes de la semana!

Y no se puede empezar mejor que vendiendo una batamanta.

Sí señores, puedo vender batamantas, porque yo lo valgo. Aunque tenga que explicarle a la señora como se pone. Porque para ella era una bata con tela de manta y no una manta con mangas. Y por eso tenía miedo de arrastrarla por el suelo. ¡Si es que no es para llevarla puesta cuando estás de pie! Es tu mejor amiga los domingos por la tarde. Y punto.

Ah, y sí, era la original. Que yo solo vendo cosas chulis.

—————————————

El otro día tuve que empaquetar las devoluciones. Y vi un objetivo que había vendido. Bueno, mejor dicho, que había despachado porque era un pedido. Pregunto que por qué habían devuelto eso. Y me dice que porque no estaba estabilizado.
Vale, todo esto puede parecer normal para vosotros, usuarios de teleobjetivos que, obviamente, se mueven cuando enfocan lejos.
Pues ahora flipad señores: ¡era un 50 fijo! O un 30 no sé.

Usuarios inexpertos:

Los objetivos que tienen mucho zoom tienden a moverse una barbaridad cuando se usan de lejos. Si lo piensas es hasta logico. Lo que el cliente se había llevado era un objetivo fijo. Sin zoom ni nada. Y además de cerca (como las gafas de cerca). No tiene absolutamente ningún sentido que esto tenga estabilizador (o sea, que evite que se mueva) porque es que directamente no se mueve, bajo mi punto de vista, vamos.

——————————-

Los clientes listillos:

Le estoy explicando a un cliente el tema devoluciones y empieza:

– La de normativas que os estáis saltando.

Me encojo de hombros

– Son las normas de la empresa y yo ahí ni pincho ni corto, se lo explico igual que se lo explico a todo el mundo y usted decide si quiere comprar aquí o no.
– Sí, pero todo eso que dices es ilegal. Es para llevarlo al tribunal del consumidor y llenaros de denuncias.

Y sí, al final se llevó lo que quería. No sería tan grave todo lo que decía que nos estábamos saltando cuando aún así compra, ¿no?

——————————–

Y seguimos con el tema devoluciones. Mira a ver si no he dicho veces como funcionan. Y lo fácil que es entenderlo ¿eh? Pues nada, que la gente le mola quejarse.

Viene un chico a devolver una cosa. Me pongo a hacerle la devolución y tal.

-¿Pero entonces no me lo cambiáis?

– Sí, te lo cambiamos. Pero como nosotros no somos técnicos, ni somos post venta ni nada, tenemos que enviarlo a la central y ellos lo verifican y te envían uno nuevo.

– ¿Y dejo al chiquillo sin esto dos semanas? ¿No me podéis dar uno nuevo?

– Sí vas a tener uno nuevo, pero no ahora.

– Pues es la primera tienda que lo hace así. Porque yo voy a cualquier sitio y me lo cambian.

– Sí, pero no lo has comprado en cualquier sitio. Lo has comprado aquí, y siempre explicamos como funciona el tema antes de vender. Si no estabas de acuerdo, tendrías que haber dicho que no en ese momento.

Y en cualquier sitio que lo compre se lo cambiarán en el caso de que no se lo hayan traído aposta y tengan más en stock físico en la tienda, claro. Porque si no, tendrá que esperarse.

————————————-

Este cliente en realidad no es mío, pero me hizo mucha gracia en su momento:

Estaba yo en una conocida tienda de ropa comprándome un pintauñas morado a 0.95€ (datos muy importantes todos). Cuando llegué a la caja había dos de ellas abiertas, cada una con un pequeña cola y me pongo a esperar.

De repente abren otra y me dice la cajera que pase. Voy, me cobra, y cuando ya me giro para irme, resulta que la chica se había dirigido a la otra cola (que en esos momentos era gigantesca) para que pasaran unas cuantas personas. Hasta ahí todo más o menos normal, ¿no? Pues atención a la reacción de un señor de la cola:

– ¡Pero es que estamos haciendo todos cola aquí para que solo haya una!

Todo indignado. El hombre ha decidido como persona física y cliente (que siempre tiene la razón) hacer una sola cola e ir pasando de caja en caja según cuando (y donde) te toque. Y punto. Lo que diga la cajera se lo pasa por el forro. La cajera flipando. El señor indignado. La gente de la cola pasando un poco. Y yo, pues saliendo de la tienda, total, la que se montara me daba igual, que ya tengo suficiente con mis colas y mis números inexistentes.

—————————————

El cliente siempre tiene la razón y no tiene por qué estar pensando si los días de prueba le llegan para que la persona a quien le compra un regalo pueda probar el producto o no.

Es decir. Viene un señor y antes de nada me pregunta el tema devoluciones. Se lo explico. Le doy su pedido. Se lo vuelvo a decir porque había notado como me había dicho que sí antes pero no se había enterado de nada y ¡tachán! La gran duda le asalta.

– ¿Pero, 7 días?

– Sí, siete días, como le he comentado antes.

– Pero entonces no llega a reyes. Eso lo tendríais que tener previsto.

NOSOTROS. Nosotros debemos prever que el señor viene a comprar un regalo para reyes y es posible que el tiempo de retractación por disgusto (así lo llamo yo) puede que no le llegue al regalado. YO MISMA. Y no él cuando yo se lo explico o cuando lo lee en la web al hacer el pedido. No. Un poco más y se va. Así como os lo digo, porque no habíamos previsto que nuestro tiempo no era suficiente para él en concreto.

—————————————–

Tenía que hacer un off topic diciendo alguna cosa que se me ha ocurrido esta mañana, pero la verdad es que ya no me acuerdo qué era.  Así que quiero comentar que yo no sé a qué tiendas va la gente que viene a comprarme, porque todo el mundo pregunta donde se coge el número. Yo a todos los sitios que voy hago cola, no sé vosotros…

Ah, sí, que ya me acuerdo. Que la madrugada del día 1 de enero cuando volvía a casa me encontré con los chinos que son mis vecinos (todos sabéis que tengo unos vecinos chinos que chillan mucho en chino en la calle y tal).

El caso es que la chica casi se cae al intentar salir del coche, fue hasta su casa haciendo eses y cogiéndose a los árboles y la dejé vomitando al lado de un coche.

El tema este es: Los chinos no solo celebran su año nuevo. También celebran el nuestro. Así que ya podemos dejar de decir que son unos inadaptados y que no se mezclan con los españoles.

A %d blogueros les gusta esto: