Los clientes de Navidad

clientes

Por fin se ha acabado oficialmente la Navidad y, como regalo de Reyes atrasado, aquí os traigo unos clientes. Especialmente para todos los que habéis votado por ellos en la encuesta.

LOS VICS*

*very important cliente

Los VICS se diferencian del resto porque se creen que solo ellos tienen derecho a ser atendidos. Entran en la tienda como si fuera suya. Pisando fuerte, con la cabeza bien alta, decididos. Como si hubieran entrado ya miles de veces y todo el mundo les conociera y les estuviera esperando. Por eso todos los trabajadores deberían dejar lo que están haciendo para besarles los pies.

Aquí puede entrar toda esa gente a la que la Navidad saca lo mejor de sí misma: la mala educación y la impaciencia.

Estoy atendiendo a un señor que en realidad ya se iba pero me había preguntado una última cosa, entra una mujer VIC, como si la tienda fuera su casa, directa hacia mí:

¿Tienes tal?

Como sé que no se puede ignorar a un VIC, le contesto que sí, sin dejar de mirar y hablar con el señor.

¿Pero de qué color?

¿Pero todavía no te has dado cuenta de que no voy a dejar de atender solo para ir al pasillo donde está eso y enseñártelo? Porque eso es lo que quiere, que deje al cliente tirado a mitad y que la atienda a ella.

Blanco y negro. – Y sigo con el señor, al que a estas alturas ya estoy atendiendo fatal porque solo oigo a la mujer refunfuñar a mi lado que esos colores no, que ella quiere marrón, que tal y que cual. A lo que el señor decide irse sin nada y antes de que haya dado dos pasos ya está la VIC atosigándome.

¡¡Pero es que  yo lo quiero marrón!! ¿¿Marrón no tienes??

No hay marrón, solo hay blanco y  negro, como ya he dicho anteriormente.

Total, para ir a enseñárselo y que se vaya corriendo de la tienda (igual que ha entrado) porque lo quiere marrón.

Y esto me recuerda a aquella vez que otra VIC empieza a pegarme gritos 5 metros más allá sobre el precio de esto y aquello, mientras yo cobraba a una clienta con la que ya había acabado casi, y le decía ala VIC que estaba todo marcado.

¡¡Que no lo veo!!
Espera un segundo, que ya estamos acabando aquí y te atiendo.

¡¡Pero esto cuanto vale!! ¡¡Dime cuanto vale esto!!

Está marcado, yo desde aquí no lo veo y tampoco me sé todos los precios de memoria.

Espérate un momento mujer, si yo ya me voy. – Le dijo la otra clienta. Pero no se esperó la VIC, se fue corriendo por la puerta porque eso de esperar un segundo a que dé el cambio es demasiado para ella.

Y atiendelos rapidito, que si  tardas más de dos segundos en encontrar lo que quieren, en embolsar lo que se llevan o en darles el cambio dicen “mira, déjalo” y se van sin decir ni adiós. Sí, me ha pasado varias veces.

Luego están los VICs que son tan VICs que quieren privilegios que no existen para nadie más, porque ya me diréis quien va a una tienda a pedir que les dejen productos para llevárselos a casa y ya si eso vendrán a pagarlo o devolverlo. Pues sí, los VICs.

Mi ejemplo favorito es el que quería llevarse un rollo de una cosa que cortamos a medida y vendemos por metros, para medirlo en su casa y ya traerlo con lo que sea. Claaaaaaaaaaaaaaaro, te llevas todo el rollo, en la tienda ya no vendemos más a quien quiera, tú en casa te lo mides, cortas lo que te parezca y ya si eso me lo traes y me dices que en realidad no te sirve.

Una cosa que también es muy VIC es juzgar con la mirada. Todo lo juzgan, sobre todo las mujeres. Juzgan que cuando han entrado en la tienda, tú estabas en el suelo recogiendo una cosa que se había caído (porque ellas tienen servicio para que les recoja las cosas, será), juzgan que en vez de atenderlas nada más entran, estabas ordenando una estantería, juzgan que te pongas a limpiar el polvo, juzgan que estés aquí en vez de donde ellas querían que estuvieras (a su lado cogiéndole el abrigo o algo así), juzgan que en vez de devolverles un billete de veinte les devuelvas dos de diez y así infinitamente.

Y con eso del abrigo me acabo de acordar de como dejan sus cosas por la tienda. Ay que me molestan las mil bolsas que llevo, pues las dejo dentro de esta cesta llena de productos de la tienda. Ay, que me molesta el abrigo, pues lo cuelgo aquí de esta percha de productos de la tienda, etc, etc. Alguna vez he tenido que atender a personas enseñándoles cosas encima de  bolsos abandonados en cestas o en mostradores. Luego es ay, ay, ay, que me roban el móvil.

LOS MÓVILES

Y hablando de móviles, les estoy cogiendo una manía que no os imagináis. Voy a proponer que todo el cliente que quiera entrar deje el dichoso aparato en una cesta en la entrada, para que no molesten.

Es que yo creo que si estás esperando una llamada importante lo mejor que puedes hacer es venir a que te atienda. No falla, al 80% de los clientes que atiendo a lo largo del día, les suena el teléfono en cuanto me preguntan algo. Que eso no es culpa suya, pero es que me pasa continuamente. ¿Y qué tengo que hacer yo? ¿Me espero a que acaben ahí de pie sin hacer nada? (Porque siempre contestan) ¿Me voy y atiendo a otras personas? ¿Sigo haciendo lo que estaba haciendo antes de que me preguntaran? ¿Saco mi móvil y llamo a alguien?

Y también les ha dado por enseñarlo todo en el móvil. De todo tienen una foto.

Mira quiero esto. – Y si trabajas en un supermercado, te estará enseñando una foto de un huevo, por ejemplo.

– ¿Qué talla necesitas?

Mira es para ella.- Y te enseñan una foto de la cara de una niña. Sin ninguna referencia de tamaño.

Ah, y que no se me olvide aquella vez en que una clienta sacó el móvil para enseñarme cualquier cosa y resulta que no iba bien y empezó a preocuparse por si le había entrado un virus y suelta “¿Y ahora que hago yo sin móvil? ¡Si es lo que me da la vida!” Y ya no compró nada porque estaba demasiado preocupada por el móvil.

O cuando se ponen a buscar el monedero en el bolso y casualmente encuentran el móvil antes y claro, tienen que desbloquearlo y mirar los mensajes que han llegado. Y contestarlos. Y comentarme que les ha llamado no sé quien. Y seguir buscando en el bolso y sacar mil tiquets que hay que mirar a ver de qué son. Pues de antes cuando has ido al súper ¿de qué van a ser? ¿Vas a pagarme ya?

Y si son adolescente no van a apartar la mirada de la pantalla ni cuando les enseñes lo que han pedido. Jamás.

Incluso una vez atendí a una mujer ya entrada en años mientras ella jugaba al Candy Crush sin parar. Si ellas no paran, yo tampoco.

Así que haced el favor de comportaros cuando vais a una tienda, hombre ya. Y que me acabo de dar cuenta de que yo tengo que estar siempre sonriendo a todos los clientes, pero que muy pocas veces un cliente se acerca a mí sonriendo (prefieren la cara de juzgar).

4 comentarios sobre “Los clientes de Navidad

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  1. Me encantan estos post, ya lo sabes. Me rio mucho y me siento muy identificada. ¿Cuando dejaremos de trabajar en comercio para dedicarnos a algo mejor? Un abazooooo!

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