Los clientes de la semana

30 Jul

clientes

Más que de la semana, serán los clientes del trimestre:

Os voy a contar un caso que al final ya no sabía si reírme o llorar:

Viene una mujer y pongamos como ejemplo que me quiere comprar unos calcetines (para que vaya con el título del blog), le enseño varios modelos y me pregunta:

– ¿Entonces todos valen igual?

– No, estos valen 2.50€, estos valen 3€, estos valen 4€… – A la que llego a los que valen 3€ ya noto que no me está ni escuchando porque no para de mirar alrededor. Cuando acaba de mirar alrededor vuelve a la carga:

– ¿Entonces todos valen igual?¡¡Pero si te lo acabo de decir!!

– No, estos valen 2.50€, estos valen 3€, estos valen 4€…A ver si te enteras ya.

– Vale… ¿Entonces todos valen igual?

¡¡No me fastidies!! ¿Le vuelvo a contestar? ¿Me callo? ¿Es una cámara oculta? ¿Una broma? ¿Un cliente misterioso?


Luego está la gente que encarga cosas y cuando llega el pedido tienes que llamarles para avisar. Pues no cogen el teléfono (seguro que porque es un número que no conocen) y a las semanas aparecen en la tienda súper indignados y pegando gritos:

– ¡¡¡Te ha llegado ya lo que te pedí o no!!! ¡¡¡Porque si va a tardar más ya no lo quiero!!!

– Ya hace tiempo que está aquí, he llamado por teléfono tres o cuatro veces y no me ha contestado nadie.

– Eso es imposible, no me habrá sonado.- Curiosamente, en un tono relajado ya sin indignación.

Ya, claro…


Ay, la gente que no se fía de los dependientes:

– Quiero esto.

– No, es que de eso no tenemos.

– ¿¿Que no tenéis?? ¿Cómo no vais a tener?- Con cara de no fiarse de lo que le digo. Es que igual ni siquiera ha ido al tipo de tienda que tendría que haber ido.

– No, de eso no hemos tenido nunca, pero aquí cerca hay una tienda donde a lo mejor sí se dedican a esto.

– ¿Aquí cerca? Aquí no hay nada de esto.– Ya estaba engañando otra vez, como me gusta engañar.

– Pues sí, hay una tienda de esas.

– Eso es imposible porque yo nunca la he visto.

– Pues bueno.

– ¿Pero seguro que está ahí?

– Sí.

– ¿Pero seguro que tienen?

– Pues no lo sé, vaya y pregunte. 

¡¡Ah, que no lo sabes!!– Es que encima que le doy un consejo no se lo puedo asegurar al 100%, para qué habré abierto la boca.

Os juro que esta gente te mira como si fuera a darte una bofetada.


O la gente que está dos horas para elegir cualquier tontería y cuando ya has conseguido que se decidan por algo y hasta les has cobrado y dado la bolsa y la llevan en la mano y están ya en la puerta van y dicen:

-¿Porque otra cosa no, no?

¡¡¡NO!!!! ¡¡¡Otra cosa no, lo que llevas en la mano es perfecto!!!!


Bueno, tengo que confesaros una cosa: no me gusta el verano. No. De ninguna de las maneras. Y lo que menos me gusta del verano es lo pesada que se pone la gente cuando hace calor. Debe ser que todo el mundo al que atiendo tiene la menopausia o no sé pero la frase que más escucho a lo largo del día es:

– Qué calor tienes aquí.

No sé por qué todo el mundo hace esa puntualización. Qué calor tienes aquí. Pero si yo no poseo el calor, si yo estoy a una temperatura ideal aquí con el AIRE ACONDICIONADO, a ver quién va a ser el que tiene calor. Porque yo no, está claro. Y la tienda seguro que tampoco tiene calor.

El súmum  del calor que tienes aquí es una vez que estaba mirando una cosa en una tienda oriental y una señora se lo dijo al chino. Mientras ella se iba corriendo de la tienda. Mientras el chino seguro que no entendía nada porque menuda frasecita para decirle a un extranjero.


Y hablando de orientales, el otro día en un restaurante chino, entra un grupo de gente muy guayona y se sientan en una mesa. El hombre automáticamente le dice a una de las mujeres : “Dame la tablet” y se pone a mirar cualquier cosa (en mi cabeza eran motos pero  a saber). Al rato viene la camarera y el hombre:

–  Ven aquí porque te lo voy a decir yo. Para empezar, queremos el menú del día. 

La camarera le explica que era fin de semana y que no era válido.

– Pues yo he venido aquí muchas veces y me lo has puesto siempre. Sí, tú misma me lo has puesto todas las veces que he venido. – Seguro que sí. La chica le dice varias veces que eso no podía ser y siguen discutiendo hasta que al final dice que si no le pone el menú del día se levantan y se van y efectivamente se fueron sin dar más explicaciones porque eran demasiado guayones como para que les trataran así.

Eso es gente que se piensa que los que trabajamos cara al público en realidad somos esclavos de los clientes. Que si viene un cliente y te pide una cosa tú la haces sin rechistar porque es un cliente. Y cuanta más crisis hay más lo hacen, porque se piensan que como nadie se puede permitir perder un cliente o la mala fama que te pueda dar, tienes que consentirlo todo.

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