Los clientes que me tienen hasta el gorro ya

Trabajar cara al público es un fastidio. Yo sé que a veces soy un poco borde porque me han echado alguna bronca que otra, pero es que a veces es taaaaaan difícil no perder los nervios y querer (vamos a ponerlo suave) nominar a algunos clientes al reto del  cubo de agua helada.  Pero con muchos muchos cubitos. Un montón. Y tirárselo por encima con saña. Yo al menos me quedaría un poco a gusto.

Ya sabemos que hay mucha gente maleducada por el mundo: no controlan a sus hijos, ni a sus perros, cogen el teléfono mientras hablan con el dependiente y lo dejan ahí plantado (y cuando cuelgan aprovechan para mirar los últimos mensajes),  miran por encima del hombro, son súper bordes porque el cliente siempre tiene la razón diga lo que diga, etc, etc. Pero luego hay más tipos de clientes, clientes que los mires por donde los mires no sabes de donde han salido.

Hay gente que tiene que explicar para qué y por qué compra las cosas, tanta explicación que al final no sabes si eso lleva a una compra (o por lo menos a enseñarle y aconsejarle un producto) o solo ha venido a contarle su vida a alguien. Me exasperan principalmente porque no se dan cuenta de que tienen a cinco personas resoplando detrás de ellos haciendo cola. Y ahí están contándote cuantos kilos ha pesado su nieto que nació hace veinte años y qué le hicieron para comer hace un mes cuando vino el domingo.

– Sí, bueno ¿pero entonces qué necesita?

También están los que pretenden devolverte cosas que ni siquiera han comprado ahí. Algunos vienen varias veces, la primera para decirte que su madre ha venido y ha comprado cualquier cosa, pero que resulta que no le gusta y claro, lo tienen que cambiar. La segunda para mirar a ver por qué cosa pueden cambiarlo. La tercera para traerte el producto, en una bolsa de la competencia, de una marca que no ha pisado un pie en esta tienda jamás. Explícales que eso no lo ha comprado ahí después de todos los viajes que han hecho por su culpa.

– Pues claro que lo ha comprado aquí ¿dónde lo va a comprar si no?

– En la tienda que pone en la bolsa. Que no es esta.

– ¡Pero si está segura de que lo ha comprado aquí!

– Ya sé que yo no tengo ni puñetera idea de lo que vendo en esta tienda  y  que es difícil de entender, pero eso no es nuestro.

Y por supuesto que no tienen el recibo, no sé para qué preguntáis.

Mis preferidos son los que creen que no es una tienda, es una venta de garaje de una película americana o algo por el estilo.

– ¿Y esto dónde lo has comprado?

Ya sé que ahora hay unos cuantos almacenes al por mayor que también venden al por menor porque así ellos ganan más dinero y el pequeño comercio cierra, pero de ahí a que alguien piense que en una tienda se compran cosas de otra tienda para revenderlas, como que no tiene mucho sentido, la verdad.

Y si no le dices donde lo has comprado (entre otras cosas porque qué mierda vas a saber tú, que eres un dependiente y lo único que haces es escuchar dramas de los clientes), pues ya se irán de tiendas a buscar eso. Y luego vendrán a verte otra vez a tu venta de garaje a enumerarte los sitios donde puedes ir a comprar esto que ya tienes en tu tienda y que ya vendes en tu tienda.

Otros que también me encantan son los de ¿Y no vas a traer? o mejor aún ¿y no te a va a llegar?

Vienen a pedir cualquier historia (que a lo mejor ni siquiera existe), que no has tenido nunca porque eso ni se vende ni nadie lo necesita o, como he dicho antes, no existe, pero pretenden que aparezca de la nada.

– ¿No te va a llegar?

– Pues mire sí, precisamente mañana llega un camión lleno de monóculos. Es curioso que precisamente hoy haya venido alguien por primera vez en siglos a preguntar por un monóculo.

Dentro de este grupo hay un subgrupo de “gente que espera que al explicar la historia completa de para qué necesita lo que va a comprar aparezca de la nada en un cajón a pesar de que ya le han dicho varias veces que de eso no tienen”

– Necesito una plancha de esas que se calentaban al fuego y luego planchaban.

– De eso no tengo nada.

– Ya pero es que la necesito porque mira, mi bisabuela cuando yo era muy pequeña usaba esas planchas ¿sabes? porque claro antiguamente no había luz ni centros de planchado ni nada ¿eh? Y entonces pues yo ahora quiero una, porque se me ha roto la mía, la que va con luz sí, que es así como esta así blanca, no sé la marca ni nada, pero es blanca y  así acaba como en punta ¿sabes? y tiene unos agujeritos abajo, que hacen como así un triángulo así como esta, pero en realidad no es así es más asá,  y como yo aquí en verano me pongo  y enciendo un fuego en la chimenea todos los días, pues así aprovecho y hago la plancha y seguro que eso no cuesta ná. Cuatro perras, seguro y así ahorro de la luz, porque hay que ver qué cara se ha puesto hija, y claro, yo ahora soy viuda y mi hijo está en el paro y ay, ay, ay, ay, tres años en el paro que está mi Tonín, y ahora mi nuera va y se queda preñá y espérate porque van a nacerle cuatrillizos y ay, ay, ay, ay, ay, que no vamos a poder, qué gastos, qué gastos.

– Ya, pero es que no tenemos planchas de esas antiguas.

– ¿No? ¿Y no vais a traer? ¿Y sabes dónde puedo yo encontrar eso?

Sí, es que además te preguntan en qué otra tienda de la competencia pueden comprar eso que tú no tienes.

Que también es gracioso cuando se han comprado una cosa hace cuatro o cinco años y vienen y te dicen:

– Quiero un libro igual que uno que me compré hace cinco años.

– Vale. ¿Se acuerda del nombre del libro o del autor? (Esperemos que sigan editándolo y que lo tengamos ahora mismo aquí)

– Pues era de tapa blanda.

– Perfecto, ya sé cual es.

Ah, y que no se me olviden los que saben mejor que tú qué es lo que vendes y lo que no y donde está colocado todo en la tienda donde han entrado por primera vez.

– ¿No lo tendrás en ese cajón de ahí?

– ¿Y eso de allí no es?

– Me compré esto el otro día y necesito otro. La chica que me lo dio lo sacó de allí. – Señalando un sitio vacío.

– Ya, pero es que eso ahora lo hemos puesto en esta estantería de aquí.

– Pero ella lo sacó de allí, está allí.– Otra vez el sitio vacío que ahora es un ascensor, por ejemplo.

-Uy, aquí no tenéis de lo que yo quiero. No, no, no, no, no, no. Aquí no tenéis de esto. No, no,  no, no,  no, qué va, qué va.

Yo siempre espero que esta última persona salga por la puerta sin ni siquiera decir lo que quiere, porque a lo mejor sí que lo tengo, pero es gracioso como la gente va a los sitios para luego irse sin más.

Ahora me diréis que si os pasa todo esto el mismo día no acabáis con ganas de hacerlos el reto del cubo de agua helada antes de iros a casa.

8 comentarios sobre “Los clientes que me tienen hasta el gorro ya

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  1. Yo creo que hay mucha gente (especialmente mujeres mayores) que está muy sola, están casadas, tienen hijos, nietos… casi siempre están con alguien de su familia, pero se ve que nadie les hace mucho caso, y están locas por contarle a quién sea su vida y obra.

    Y los pobres dependientes, pues nada, a aguantarles la charla.

    Y luego el morro que tiene el personal, bueno, eso ya …

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  2. Estar de cara al público es, sin duda, muy complicado. Yo no estoy siempre en contacto con clientes pero los días que me toca me cuesta mucho mantener la sonrisa (y a veces hasta la educación, de verdad). Todo lo que comentas, en otras versiones, lo sufro yo también con los que vienen a nuestro local.

    Lo único en lo que no coincido es en lo de que si quieren contar el rollo, pues que lo cuenten, que total, si el de atrás espera, no va a ser culpa mía 😛 Por lo demás, jamás entenderé las quejas de la gente que trabaja sola en una oficina sin tratar con clientes. Para mí eso sería felicidad extrema! 😀

    saluditos!

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