Los clientes de la semana

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Lo que más me saca de quicio son LOS COLORES. No me había dado cuenta de la manía que tiene la gente con los puñeteros colores. Están comprando cualquier cosa para un niña, pues cuidado que tenga un punto azul en cualquier sitio. Lleva un dibujo de un paisaje:

–  ¡¡¡¡Esto tiene azul!!!

– No me fastidies, que el cielo es azul.

– Pero es que lleva azul y la madre es muy especial.

– No creo que a la madre le moleste que el cielo sea azul, porque es su color normal.

Y entonces empiezan las retahílas de “pero es que”. Si hasta me han llegado a decir que el rojo es color de chica, que no podía llevarle a su hijo una mochila de color rojo.

Lo peor es cuando el dibujo tiene azul y rosa. No se lo llevan para chico porque tiene rosa y no se lo llevan para chica porque tiene azul, estamos esperando que venga alguien ambiguo, que no sea ni niño ni niña para que se lo lleve.

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Te pregunta cualquier cosa y les dices que no hay y se queda plantada hasta el fin de los días, no sé si está esperando que me saque del bolsillo de Doraemon lo que me ha pedido o a que venga otro dependiente para poder volver a preguntar.

Porque cuando no se fían de si les estoy diciendo la verdad lo quieren buscar ellas mismas:

– ¿Esto no lo tienes más pequeño?

– No, el único que tengo es este.

– ¿Entonces no lo tienes más pequeño?

– Ahora mismo el único que hay es este. 

Y entonces lo vuelve a preguntar mientras poco a poco se va acercando al lugar de donde lo he sacado para ver por sí misma si le estoy mintiendo porque no me da la gana vendérselo o es verdad. Pero como el cliente siempre tiene la razón, yo soy tonta.

Lo mejor es cuando vienen a buscar algo especial  y les digo que de eso no, pero hay algo parecido y entonces se ponen súper dignas en plan:

– ¡¡¡¡Pero eso no es!!! ¡¡¡Eso no es lo que te he pedido!!!

– Ya lo sé, pero como no tengo, te enseño esto por si te apaña, porque es parecido.

– ¡¡¡Pero eso no es!!! ¡¡¡Eso no es lo que te he pedido!!!

– Ya lo sé, pero como no tengo, te enseño esto por si te apaña, porque es parecido.

Y así durante un ciclo mortal.

No se fían un pelo porque se creen que no les quiero vender cosas porque me caen mal. Claro, como hay gente que vende a su madre cuando le piden cualquier cosa… Luego intenta tú venderles algo que no es como sí que lo fuera, que ni en broma lo consigues.

También está la maravillosa conversación que tengo casi todos los días:

– ¿Tú eres de aquí?

No, llevo el uniforme y estoy detrás del mostrador porque me han traído hasta aquí los Polvos Flu, no te fastidia. Y por mucho que les diga que sí, me lo preguntan varias veces mientras les atiendo. Es impresionante.

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