Libros: La maldición de Thot (Sarah Kincaid 1), Michael Peinkofer

Creo que nunca jamás me voy a librar de que me llamen la atención este tipo de libros. En realidad este ha sido un poco diferente, debe de ser porque está ambientado en el siglo XIX (1883 si no recuerdo mal) y, al no tener tecnología, no pueden coger un vídeo de una cámara de seguridad y aumentar la imagen pixelada y luego hacer que tenga más calidad por arte de magia y descubrir cosas. Como en otro sitios.

Sarah Kincaid es la hija de un reputado arqueólogo que la ha educado en el tema mientras viajaban por el mundo, pero claro, al ser la época que es, la pobre no tiene absolutamente ninguna posibilidad de ser reconocida por muy bien que se le dé la arqueología. Su tío, uno de los médicos de la familia real inglesa, le pide que vaya a Londres (vive en una mansión apartada de la sociedad) a ayudar a investigar una serie de asesinatos que se están perpetrando en el Est End, ya que el asesino los firma con un jeroglífico egipcio.

A ella no es que le haga mucha gracia, porque luego descubre que todas las pistas conducen a Roma al nieto real y aunque él haya sido el asesino, Scotland Yard va a hacer todo lo posible para que no lo parezca. Pero al final debido a sucesos acaba metiendose de lleno en la investigación (a pesar de mucha gente) y acaban en Egipto buscando el libro de Thot, que guarda un arma secreta muy poderosa que es capaz de destruir la humanidad, por supuesto tienen que llegar antes de que lo hagan los malos  y destruirla, como en todas las historias de este tipo.

Es una trilogía (en realidad creo que son cuatro libros, pero seguramente el último no esté traducido al español), aunque parece que el orden de los acontecimientos es un poco extraño.

Del libro se puede esperar lo que se espera de cualquier historia de este tipo, pero sin tecnología. Vamos, que si se pierden en el desierto no va a aparecer un todoterreno que se los lleve al lugar habitado más próximo ni tienen un teléfono de satélite con el que poder llamar a alguien.

En realidad me ha gustado, igual porque veo más creíble que los antiguos egipcios inventaran cosas (y mecanismos en sus templos) que ni siquiera ahora serían posibles técnicamente, o igual porque al estar en el siglo XIX me parece más curioso, pero no es difícil que me guste más que El secreto de los Médici.

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