basado en hechos reales (2)

Ya estaba aquí el verano, yo esperaba en la estación al metro que me llevaría a clase, eran las dos y media más o menos. Estaba esperando dentro, porque al sol hacía bastante calor. Entró una mujer ni joven ni vieja, se sentó a mi lado y al rato notó el airecito que entraba por la ventana.

– ¿Qué es ese aire?

– Es que está la ventana abierta, je je je…

– Hace mucho calor hoy, ¿no? Yo iba a ponerme un vestido azul oscuro, pero he pensado que a lo mejor era demasiado oscuro para este calor y me he puesto este (nota: la recuerdo con un vestido azul oscuro, pero deben ser cosas de mi mente malvada, creo que el vestido era amarillo con florecillas)

– Sí que hace calor, sí.

Se hizo un silencio entre la mujer que tenía ganas de hablar y yo. Deseaba que llegara pronto el metro y, por supuesto, que la mujer cogiera otro. Entonces me levanté para salir al andén, que ya venía y la mujer me siguió.

– ¿Tú crees en la pasión?

– ….

– Es que estoy leyendo un libro que dice que es un síntoma de nuestro cerebro, que está en $&%·”* (alguna parte del cerebro) y que se produce a veces.

-Ah… no lo sé. No soy neuróloga o lo que sean los que estudien eso.

– Bla bla bla…

Subimos al metro y se sienta, a su lado (o en frente) había otro asiento, pero yo pasaba de que estuviera todo el viaje hablándome de como se producía la pasión en el cerebro, así que me quedé de pie. Entonces la mujer se adelantó en el asiento buscándome y me hizo un gesto señalando el asiento vacío. Hice una cara como de reciente descubrimiento y me senté sin rechistar. No me dijo nada más, a los tres segundos vio algo o a alguien interesante en otro sitio del vagón, se levantó corriendo y se fue.

Desde entonces me da miedo volvérmela a encontrar. Y eso que no establecí contacto visual con ella.

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